2. LA DELEGACIÓN DEL SUPREMO GOBIERNO Y LA ORGANIZACIÓN DEL ESTADO PERUANO DURANTE LA OCUPACIÓN CHILENA 2.1. La política peruana en tiempos de guerra La Guerra del Pacífico puso en evidencia la fragilidad del aparato estatal peruano. El desconcierto y el desorden generados por la ocupación chilena del territorio coadyuvaron a que los enfrentamientos y desacuerdos entre los peruanos se agravaran, y a que se hicieran más evidentes los conflictos entre regiones, por razones económicas y políticas. En definitiva, la guerra agudizó los problemas que aquejaban a la sociedad peruana. En este sentido, el ministro británico en Lima señaló que las rivalidades entre los grupos políticos peruanos constituían una discordia crónica. Con referencia a esta opinión, Yábar sostiene que precisamente la incapacidad que se vio en los políticos para llegar a acuerdos viables fue una de las causas que llevaron a la derrota del Perú en la guerra (2009, II, p. 311). Si bien el combate de Angamos significó el punto de quiebre fundamental en la guerra —ya que supuso el triunfo chileno por el control del mar—, la ocupación de Lima tuvo un efecto psicológico devastador en la población peruana, e implicó además el agravamiento de la crisis en la organización del Estado. La crisis se había iniciado con el viaje a Europa del presidente Mariano Ignacio Prado25, en diciembre de 1879, quien dejó en el poder al vicepresidente Luis La Puerta26. Casi inmediatamente se inició la dictadura de Nicolás de Piérola, quien dirigió el Estado, y la guerra, hasta la ocupación de Lima27. Una vez ocupada la capital, Piérola y su gabinete se trasladaron a la sierra28, y se inició una etapa —entre marzo y noviembre de 1881— en la que el país tuvo dos gobiernos simultáneos: el de Piérola y el de Francisco García Calderón. La situación de desconcierto generada por la ocupación chilena puso de manifiesto no solo la ya mencionada fragilidad y la vulnerabilidad del aparato estatal peruano —que había además sufrido duras crisis económicas— sino también las divergencias de intereses entre las propias élites, reflejadas en los mencionados gobiernos simultáneos. Posteriormente, durante la presidencia de Lizardo Montero —quien había 29
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