El Estado en la sombra

enfrentar unidos el peligro que supuso la guerra de 1879. Las fronteras territoriales eran extensísimas —tanto en el norte, como en el sur y en el este— y en su mayor parte no estaban delimitadas, con lo cual eran susceptibles de convertirse en zonas de conflicto. Además, la práctica inexistencia de vías de comunicación conspiraba contra la soberanía territorial del Estado, al igual que los grupos de poder «centrífugos» que operaban en los diversos centros regionales (p. 192). Al inicio de la Guerra del Pacífico, los ejes más dinámicos de la economía en el territorio peruano estaban constituidos por las plantaciones de la costa central y septentrional; por algunas importantes minas de plata, como las de Cerro de Pasco, y por los yacimientos de guano, ya por entonces muy disminuidos en cuanto a su volumen. Además, a lo largo del extenso territorio peruano no se daba una auténtica solidaridad nacional entre las diversas clases y estamentos sociales (Bonilla, 2005, p. 702). A pesar de todo ello, también debe decirse que, en lo político, la década anterior al inicio de la Guerra del Pacífico se caracterizó por una notable estabilidad, si la comparamos con los decenios anteriores. Tal como lo ha planteado Mücke, ese fenómeno se produjo fundamentalmente «por la subordinación de las élites locales a la burguesía limeña en cuestiones de trascendencia nacional» (1999, p. 175). En efecto, es notorio cómo las luchas políticas de la década de 1870 fueron distintas de las de tiempos anteriores, en el sentido de que sus desenlaces no implicaron el derrocamiento del gobierno central. Se redefinieron las relaciones entre los poderes regionales y el gobierno central, y empezó a notarse que el poder político volvía a residir en Lima, luego de un tiempo largo en que aquel había estado asentado en las diversas provincias, en manos de las élites regionales. Esta nueva situación se dio gracias al boom guanero. Si bien la figura del presidente de la república tenía importantes atribuciones — siendo una de las más trascendentes la del nombramiento de los prefectos y subprefectos—, en términos reales su poder estuvo muy limitado, sobre todo porque era preciso negociar muchas decisiones con los grupos dirigentes provincianos. No obstante, si bien el poder del gobierno central era débil en provincias, en muchas ocasiones logró ser acrecentado, por ejemplo, al arbitrar en las luchas entre diversos grupos poderosos de una misma localidad. Así, la fuerza del presidente radicaba en el hecho de que los poderosos de provincias no formaban bloques homogéneos, sino que estaban bastante divididos. En cualquier caso, lo cierto es que la riqueza guanera estuvo relacionada con la mayor estabilidad política que hemos 20

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