primera estadía del enviado norteamericano Trescot en Lima, a fines de 1881. En aquel entonces varios representantes europeos se negaron al reconocimiento, al parecer —entre otras cosas— por recelo frente a la preponderancia que los Estados Unidos estaban asumiendo en esa materia (Castro, 2009, p. 51). Los políticos peruanos de entonces no tuvieron, por lo general, una opinión positiva de los representantes extranjeros en Lima. En sus Memorias del cautiverio, García Calderón criticó duramente la indolencia que, en su mayoría, mostraron los diplomáticos acreditados en el Perú en un contexto en el que era urgente promover la paz entre los países beligerantes (1949, p. 112). Por su parte, Manuel Candamo refirió que, en su calidad de delegado y de agente confidencial, había solicitado al decano del cuerpo diplomático en Lima, Jorge Tezanos Pinto144, el reconocimiento del gobierno provisorio de parte de sus correspondientes representantes diplomáticos. Estos se reunieron en una junta —el 11 de mayo de 1882— y acordaron transmitir la solicitud a sus respectivos gobiernos, pero no hubo ninguna respuesta positiva [399 y 400]. Candamo manifestó su contrariedad frente a esa actitud, teniendo en cuenta que el gobierno de Montero ya había sido reconocido por los gobiernos de los Estados Unidos, de Suiza, de Bolivia y de otras naciones neutrales (Puente Candamo & Puente Brunke, 2008, p. 442). La referida reunión del 11 de mayo congregó a los ministros de El Salvador, Italia, Alemania, Argentina, Francia, España, Brasil y Gran Bretaña. Se sabe que el ministro británico opinó en contra del reconocimiento del gobierno de Montero y afirmó que «sus seguidores eran solo un grupo de aventureros, y que estaba necesitado de fuerza militar, dinero y la fuerza moral que hace a un Gobierno» (Yábar, 2009, III, p. 382). En cuanto a los representantes peruanos en el extranjero, los agentes confidenciales mantuvieron correspondencia con los ministros plenipotenciarios del Perú en los Estados Unidos (Juan Federico Elmore); en Inglaterra y Francia (Francisco Rosas); en Italia (José Francisco Canevaro)145; en Argentina (Manuel Ocampo Samanez); en Bolivia (Manuel María del Valle)146 y en Ecuador (Emilio Bonifaz)147. Así, la Agencia Confidencial hizo posible que la Cancillería estuviera enlazada con sus representantes en el extranjero (Castro, 2009, p. 31). La comunicación más intensa se dio con Manuel María del Valle, ministro en Bolivia, y con Francisco Rosas, ministro en Inglaterra y Francia148, con quienes se trataron temas de índole política y hacendística; muy frecuente 113
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