El Espectador Peruano

de la Sierra. Aunjemia bajo~t peso .Je uña grave dolencia: cuando el horrendo aten– tado de H uárnangá conmovio todas l. s fibras de un corazon que jamas ha sa– bido capitular ron ll\ maldad. No vio rnas entonées que el peligro de Ji\ p::~ tria, ni oyorrias voz que la del deber. Sin eguardar ótde1res. sin consultar otros Íl ll tPre0es qne los de la causa pnblic11, po– t>ese en marcha, y empieza a tomar por !l ~oto las disposiciones que las circuHs• tancias perrtlitian, resuelto áliuiar á bra– ~o partido éon el monstruo de la gue– tra civil, háogarlo en sil cuna, o morir ~h la demanda. La oportuna llegada del jeneraJ Pre& $idPnte dio nuevo impulso a su activi– dad, y abrio un campo mas ancho a sus esfuerzos. .El jeneral Bermudez en esta bre.. l'e pero memorable esvedicion; ha da• do un nuevo realce á su reputacion como soldado, como jefe y como hombre pu– hliéo. El ha particípádo de los riesgos mas inminentes y ha estado siempre en ~¡ puestú del honor. Sus tonsejos han ·sido marcados con el sello de la sensa– t ez y del acierto. Su presencia al lado del jent"i'al Presidente ha sido uno de los rt•~ortes que mas poderosamente han contribuid:, á la--derrota· de los asesinos y al tl'iunfo de la ley y de la justicia, l'rt>Ced1do~ p;1r la inménsa reputacion ·· ue tantos rasgos h1morifkos han debido gr.anjE>árle 1 el jenerat Bermudez se pre• senta en la Capital y vuelve á tn1nar las rienda-; de su minini-,terio. Sábida es la intima arni.,tad q11~ lo nne con el dig:oo ici·Hladano énloc:tdo hov á la cabe1.a del l> ,Jer ¿~ue no podre¡nos aguardar de - . - ... )a cooperacion de Psto~ dos hombres, cna ya conducta ha sido tan recientement~. acrisolnda y que hán adquitido tantos derechos a la confianza Qe la hacion?, He aqui en una palabra, lo que e!sta 1 tlacitm noble y jenerosa aguarda y ecsi-. je de ellos Firmeza-La nacion ho quiee re venganza, ni terror, ni golpes estra.. ordinarios de autoridad, hi planes de dis 0 Jocacion, ni inquietudes: quiere manoe firmes que pulvericen y conviertan en atom (lS esa masa de inmoralidád-y de desorden; ese conjunto de traicion y de perfidia; ese nubarron de latrocinio 1 perversidad que ha empañado por aJgu.. nos dias la diafanidad de nuestra admos:. ft! ra. La nacion ha hecho su deber, 1 ninguna nacion lo ha desempeñado ja:.. tnas con tanta uniforuidad y enerJia: Los malvados la acusan con tazon eu. sus proclamas, !e hechan en cara su apa.. tia~ y para cotre.1irla de esta flaqueza le prometen torrentes de sangre. La nal. cion ha sabido oponer á tanto insult~ el silencio de la desaprobacion y del desprecio, á otros toca el rebatir co11 armas mas fuertes unas hostilidadP.s q•· no pueden quedar impunes sin subver• tir todas las ideas de orden y de sociedad. La administracion, fortalecida ah~ ta con los aucili(ls que pueden prestarle las luces; la t>nétjia y la respetabilidad del jeneral Bermudez puede adoptar una linea de operaciones la mas recta que sea posible h ~cia el termino de~eado de la tranquilidad y del orden. Todos los P er 1;arn,s marchan con el a. porque nin• guno de los que se llaman tales podrá. jamas simpatizar con los bandidos, c,,n los asesinos, co11 er.os .sedimentos impu"

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