El correo del norte : periódico popular, político y literario

LA RELIGION Y LA LrnERTAD. Condenados a la deplorable condicion de ser mirados como impios cuando buscamos el progreso; como sectarios de un cisma cuando invocamos la libertad; como altaneros ateos, cuando t>Xecramos el fanatismo, C'onve11ía llamar a juicio á '1Uestros lwrmnno,, para demostrar que la religion tm armonía con la libertad, conviene C( n las aspiracioJws <le mwstro espíritu, con las consoladora~ (•speranzas de la gennacion pre.sentu, que es desenlace feliz de f.oda nuestra vlcfa, bello irlE>al que bosq11lija en admirables cuadros nues0 tra história. No es ia libertad para no~o-- iros, como se cree, los giros caprichor-os ,le una voluntad arbitraria, ni Ja terrible voz del interes quf-' alhHga, ni 1;l CH mino que traza la pasion nH-is;- quina; 1·s el triunfo del espíritu en la gran lucha del bien y del mal, la victória Ofl la inrPligencia en el com- !Jdto de! error )' la verdarl1 el fin á toda costa a!cansado entre las borrascas de los contrathunpos; don ce-· lestial que caracterisa la vida de nuesiras almas; poder inmenso que nace al hombre dueño de su pensamiento y de sus obras. i'or eso queremos ser libre~; por eso ab11rroc<1mos el fanatismo, pc~ada y larga cadena que arrastraro n11t'8ll'os pa<lre~; despotismo r~ligio~o que nos llama á un culto q ~e el corazon rechaza, á una vida íltrn el deber condena, á una creenéia que re¡rngn lllestro espíritu. Quereml.'3 r.cr libres, porque ·somos cristiacos, porque profesamos e!ia doct, ina que predicó el hi_jo divino del Eterno, que la confirmó con su abnegada vida, que la selló con su inmortal bárbaro martirio. Para nosofros la libertad es ta primera condicion de nuestro ser, como la religion es la primera condide nuestra vida. Si <¡ttl amos ser libres tengamos religion. Si queremos 5er religiosos:¡ tengl\mos libertad ...... ,. •• •• .•._: • r C.AJAMARCA, Juuo 4 DE 1873. Pero no busquemos ta religion en la forma que nada significa; en la apariencia que á nada conduce; en la ilusion que pronto muere; en la mania que nos enerva; en la preocupacion que nos infama-busquemosla. t·n la conciencia librf>, fin la razon armonizada con la fé; busquémosla en sus docmas que definen nuestros dEstinos inmortales, en la d()ctrina que traza el camino del porvenir, en la libertad que nos señala el progres~ Pero la religion; templo donde la humanidad se congrega para arrobarse en los celestiales amores del Creador, espectáculo el mas sublime, donde se enlazan en inr,fables armonias lo finito con lo infinito., seria el escarnio de nuestras espe- ·ranzas, la befa contra la inmort.al vocacion de nuestras almrs, la trágica denegacion de nuestros eternos destinos, la sentencia de perpetua muer, te, sino reconociera ese poder humano, esa libn~ voz de la conciencia, esa energía divina dt1l n,píritu, la perf~cta libertad del pensamiento.- Religion &in libertad, nada significa. En vez de ser el tlulce lazo que estreche al hombre con Dios, al creador con lo creado, a la inmensidad con el espasio, seria el freno que d8mellara las conciencias, )a coyunda que abatiera á los espirÍLu<5; seria en fin el despotismo santificado por la Divinidad; la tiranin, cruel, eterna que desendiera desdt, al cielo. La lfoertad y la relig10n son insepnrahles· como el espíritu del cuerpo; la palabra del pensamiento, como el caliz de la flor; y por lo mismo libertad sin religiones la nada; religion sin libertad es meu 'ra. Por eso combatimos f•se culto que se tributa por costumbrt-, cfa doctrina que so propaga por la fuerza, que se pn blica con la amenaza y el tormento; esa creenda qlrn se enseña, no como verdad docmática sino como tradiciones de leyenda, esas preocupaciones que se imponen, para. mantener indefinidamente la inmovilidad del fanatismo. ·El fanatismo es el despotisnu,, ~s la capa que cubro la iniquidad, es la terrible arma d·.e la astucia, • ~ NUMERO 11 el manto de lq hipocrecia, la cátedra de funesta enceñanza; el asiento del verrlugo, que pregona ódio eterno, muerte cruel contra la grandiosa libertad de nuestro espíritu. Cu ando nuestras creencias nuetra fe, son el fruto de ltbres conviceiones; cuando en vez de fórmulas aparentes, de mentidas reverencias convertimos los ojos al UniYerso; y la hermosa prespectiva que ofrecen los innumerables soles que pueblan el espacio como luminosas arenas; el conc1erto de las aves en la feliz mañana de la primavera, el mecido de los árboles ó el murmullo dt> lll'l& fuente entre la magestad de lc-s 6C1sf!UºM la paz del espíritu, el tiernr. laud ~i--1;•ob~ul,, intcl1J!_!I!:1iendct el mcláncolico silencio ue la noche; cuando todo esto se ofrece á la vista del alma, una divina inspiracion, la eleva hasta el cielo; dominada pot' la admiradon y el amor, celebra en la soledad los mis.terius sublimes de su religion. LA SOCIEDAD Y EL TRABAJO. El progreso, ley eterna á lai. que están sugetos los pueblol!:; pro-- dueto ck la actividad colectiva de los espiritus; sagrado fin que determina lamarcha de los siglos, es ora el fruto de la asociacion, ora el nsultado del trabajo. Cuando los hombres guiados por el aruor; corriendo en pos de una feliz suhlime idea, Eden prometido por el gé11io de una época, secundando de consumo en comunion solemne á la rcalizacion de la vida históric1:1. de un pueblo; cuando el egoísmo y la envidia, me&quinas pasiont:ls que ofrecen las abatidas misera bles almas, desaparecen ánte al influjo civilizador de lá. fraternidad; cuamlo todos los hombres asi libres de pasiones, resueltos al martirio que las sosobras de una preocupacion vil ofrece en aras de la libre civilizacion; entónces canta el espíritu en ricas armonías la grata epopeya de ~u ven-

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