El correo del norte : periódico popular, político y literario

nio u11'l ccremonía para su culto; y si 'le•:rns de ercer á Flcuri el matrimonio entro los hebreos era puramente c~vil; no se celcbr~ba en los tcmplo,s; m se le consagra mnguna ccremoma. clo rcliofon. Un convenio entre 1os ~ . padres de los esposos; una escritura en un pergamino y una bendicion de los uiismos padres constituian toda s11 solemnidad Entre los Asirios, los matrimonios se ccleoraban como por efec• to <le una costumbre que las necesidades sociales a veces crean en los puelJlos; y asi en cada año, en los :1lrrc<lc<lores de Nrnive ó en los Pórticos de Babilonia, concurrían á las alegres y bullisiciosas reuniones todas las jovenes asirias; se exponían ánte Jos jóvenes estrangeros, en los rocreos públicos ó en los templo::; ,le l\Iílita. Un pregonero anunciaba la subasta principiaudo por las mas h,armosas; y los jóvenes de las mas ricas famiJins desembolsaban cuantiosas sumas <¡uc servían de bastante dote para las rnéuos h<'rmosas. Y entre los Chinos los padres celebraban los matrimonios de sus ltijos non magnificos presentes, que era corno el ¡,recio merecido de la digna mano de la nueva espo-;a. En el día especial que se sefiafaba, la fütnra prometida acompaííada de sus amigos, de sus parientes y de sus padres, era conducida en un Oarro en medio ,le cánt.icos y de luces hasta la ca¡;a del futuro esposo. Esto, al punto abria el rccint.o, donde se hallaba la prometida; )' si ella coronaba sus anhelos queclaua des<le ese instante ncrfoccionado el matrimonio. ·El matrimonio entre los Samnitas, era el prémio a las virtudes cívicas del ciudadano. Un día del auo, en la estacion mas feliz, rennianso todos los jóvenes del Samnio, en uno de los deliciosos vailes de su pa1s; su vi<la pública ('ra juzgada por nn Consejo de ancianos, elegido por el Soberano. El r1ue ll<•gaba alcanzar un fallo favorabl(•; el que hahia sido mas meri.torio ánte:la pátria; el q' reunía mas virtudes cívicas y heroi~ cas que los compañeros ele la !i<l, a<lquiria el derecho <le elegir entre todas las jóvenes lwnuosas de su pnis aquella que mas ;_ lhagase los sentimientos Je su cornzo11. Y el matrimouio un nstado ele la vida, na tarnbi,!n un prémio diguo para los méritos <le un hfroc. Niug1111 pueblo de la remota antigucdad ha hecho del matrimonio una !11stitucio11 religiosa; to<los lo han constderado como uno de los actos mas grandes <le la vida; y como urni i11stitucion hnmnna. Solo 'll'"dó reservado á los griegos, hacer del matrimonio una de EL CORREO_ DEL NORTE, las cxonas divinas de su maravilloso, poético culto. Porque el Paganismo, religion que divinizó toda la naturaleza, todos los actos humanos, todas las grandes cxenas de la história; religion que la recuerdan con ternura todos las generaciones; y cuyas alegres memorias conservan en letras de oro, las leyendas de todos los siglos, no podía dejar do ofrecer solemnidades á la inauguracion de este segundo acto de la vida del hombre. Estas costumbres trasmitidas á Roma, fueron tarubien adoptadas por los primeros cristianos; hasta que la Iglesia consagró en su liturgia, sin esencia 1 diferencia, todas las ceromonías del antiguo culto de los Dioces. En una noche serena coma aquellas que ofrecen los cristalinos cielos del Atica y especialmente el cuarto dia del mes de las Gamelias, t:I Templo de Himeneo se habría de par en par; las luces de cinco antorchas alumbraban los doceles de V enns y la tea nupcial ardfa en el Altar de Himeneo; celebrabanse sacrificios; los esposos hacian sus ofrendas; los arúspices pronosticaban su futura suerte; el marido se presentaba con su toga <le dátiles, <le higos y de le-:- gumbres; sacaba á su vírgen esposa de la casa paterna con su blanco tornasolado bel o al travez del que,· de~ jaba entrever la alegria de su semblante y la sonrriza de sus amores. Los romanos celebraban los matrimonios en la casa de la f'sposa, del padreó del pariente mas proximo. Se le dividia a esta sus cabellos con la sub-hasta en seis trensas corno las vestales para significar su virginidad, ó su juramento de eterna castidad; cefíia sus sil'nes una coron& de vervena que ella misma habia recojido; cubriase con un belo del color del azafran guarnecido de diamant"s y con un traje flotante, un calzado airo del mismo color de su velo; y se arrojaba á los brazos de su madre de donde era arrancada por el esposo con P11gida violencia. Al salir de la casa, 1s hermosas doncellas la ncompañabar1 en su nupcial peregrinacon; un jóven caminaba por delante con la entorche de Himeneo y por atras una matrona con una rueca y un \wzo guarnecidos de lana s<'guia otra con canastillos, que llevaban sus alhajas, su tocador y jugetes para los niños que mas tarde habían de nacer. La puerta <le la casa del esporn, adornada de girnald~s y la prometida entraba á sentarse sobre el bellosino de una obeja inmolada, para signifi• car el rrabajo. terminar la fiesta so presentaba la esposa en el lecho nuncial, ccfii<la con una corona de perlas y <mtónccs <los coros de jóvenes y doncellas entonan en versos fcsceninos, las cancic,nes del Epitalamio. El matrimonio entre los cristianos tambieÍ1 principia por un convenio entre padres y entre esposos; y el dia de su celebracioo, van éstos acompañados de sus padrinos á una Igleaia cristiana, donde un Sacerdote les manifiesta casi por rutina la natur~leza de sµ consorsio y las obliga~ ciones de su nueva union; se les cubro á los esposos con un belo, S(@rjante al yugo de los romanos; arden en las manos de los contrayentes la luz ,lo algunas antorchas; y se celebra el sacrificio mistico del Altar, en presencia de los concurrentes. Nosotros no podemos {!rjar de admirar, esa secreta vcneracion q4e prestan los homln·rs á todos los actos solemnes de la vida, Para uru alma poética esas cerenw11ias tirnr11 en sus sig11ificaciones algo de sublime, que simboliza la aspiracion cunstante del coru~on humano á todo lo que es grande é infinito. '11odas estas formas y cerrmo.,. nias, han ido desapareciendo con el Cl'l'l~- curso de las épocas; y entre tanto el m,Jtrimouio en sí, Jl(I ha desap11rerído como no desaparecerá 11u1iffa; praehil evidente de 9ue esas potnpas y ceremonias que co11sa~r<Í el p11ganismo y en el día la Jglc ia eristiaua 110 son ese11ciales para su celt·bracion. Es preciso pu1 s que los. rnaJ1) - monios iudependiemrs de toda ínter.: veusit19 religiosa, deslinden su propia esfera de aecion; es preciso evitar rsas especulaciones fraudulentas que bajo el velo del misticismo se comete11 todabía en nuestros tiempos; es preciso ,¡ue acaben esas pnicticas nitin:irías que la beja y el escarnio nos ha,ran espirnr en el porvenir; porque e11 vez de esas complicadas fórmulas <¡ue enseiió la anliguedad nos trae y 110s e11séña el siglo Ja sencillez cie la ver a era instituriorr. · Pero 110 es ·mo11ío CÍ\'il un contrato que el em·ilecer la comlieio mo falsa y vulgarme11t "' El amor por su propia esf fija limitacion en sus leyes, esposo ó !a Pí,posa, el nmor es elrrno como sus almas; y un malrÍml)nio delJe ser una sociedad perdurable co11sen·aua por el amor, nlimeutada por la fcliciuatf; sociedad dichosa domJe el corazou guste todns las armonías de la existeneia. Todas éstas ceremonias ivan acompañadas de cánticos, de alegria11, de víctorcs, de:gritos y algazaras; y al SECCION LITERARIA

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