El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 37 Referiré uno solo de esos hechos: Sucedió que un hombre de Estado, un presidente, de aquellos que siguiendo inveterada costumbre, se parten al Viejo Mundo, para disfrutar allá, el producto de sus combi– naciones, ó mejor dicho, expeculaciones financieras, quiso después de largo y ameno viaje, regresar al seno de sus amigos y al calor de sus partidarios; y á pesar de sus imperdonables faltas, y las acusaciones que sobre él pesaban, encontró de nuevo amigos y partidarios; y no es esto mucho, sino que hasta ar– cos triunfales, se pensó ' en levantar, el día de su en· trada á Lima. Y muy sotto 'IJoce, decíase que, en vez de ovaciones, debiera en justici~ llevársele á la cárcel pública para ser juzgado por graves culpas, como hombre y como magistrado. Pero esos juicios emitidos en privado, no impidieron que en público, se le tributaran los homenajes debidos al político en auje. Esta atmósfera mal sana en que se alimenta el espíritu de la juventud, extravía desde temprana edad su criterio y pervierte el sentimiento del bien, innato en todo hombre civilizado. Hoy que estudio con ánimo sereno el desenvolvi– miento de mi personalidad política, he perdido la esperanza de ver realizarse una regeneración próxi- 1 ¡pa y radical, que lleve a la juventud á elavorar una inejor era política y social. El mal . tiene aquí raíces muy hondas; el tiempo en su larga carrera, podrá quizá, inoculándonos la sangre pura y sana de otras razas, remediar los ma- les que nos aquejan.
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