El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 28 - nión, y para rebatirla argumentaba trayendo á cuen– to lo mal opinados que todos los militares están en el Perú, y los daños gravísimos que el militarismo trae á las naciones:-De que le sirve al Perú-decía– tener un escalafóH militar, comparativamente más numeroso que el de cualquiera otra nación europea~ Los militares peruanos-agregaba-no sirven más que para las formaciones de Corpus, 6 para los en– tierros de ministros y presidentes; lo que es en Are– quipa, no han servido sino para hacerles revolucio– nes á los Gobiernos. Y después de esta furiosa tunda, dirigida contra los hijos del Marte, concluía opinando porque su so– brino - aunque era algo « ojo vivo» y poco reposado, debía entrar á formar parte del clero peruano. - L a carrera eclesiástica-decfa-es la más honrosa la más noble, la más ...... pues! y mi tío tosía li;npian- do el pecho, como si se le atragantasen las palabras. lt Supongo que querría decir, que también era la má_– socorrida, pues este calificativo, se lo oí aplicar má: de una vez, hablando de su carrera. Mi tío el solleron, 6 don Juan, daba al traste con militares y frailes, como decía él, aplicando este de– preciativo título, á cuantos llevaban hábito talar; y con sólidos argumentos, opinaba que yo debía seguir la carrera de letrado, para que así llenara el vacío que mi abuelo paterno, hombre de grandes luces, dejara en el foro peruano. - ¡Puf! - exclamaba mi tío el canónigo- Uno más cuando no sabemos qué hacernos con tantos abo– gaditos que son capaces de ponernos pleito hasta por el aire que respiramos!

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