El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 222 - cuarteles, para hablar con los ofi c iales y sarjentos., que debían realizar la sublevación . En cuanto á los jefes de los batallones, de antiguo sobemos que su acción es poco importante, tratándo– se de un movimiento en que el número decide del éx ito. Todo estaba ya preparado, y sólo nos faltaba dar el asalto decisivo, que debía realizarse, á la noche siguiente. Pero no sé que destino ciego y fatal, ha desviado desgraciadamente los sucesos de mi vida, apesar de hallarse perfectamente combinados, y asegurados contra todos los contrastes, aún los más imprevis– tos. Un día, encontrándome yo tranquilamente recos– tado al lado de Ofelia, mi casa fué asaltada y yo cl.presado y conducido á la Intendencia de Policía , <londe se me condujo á una de las habitaciones des– tinadas á los presos políticos. La primera impresÍÓf!- producida en mi ánimo á ca usa de mi apresamiento, no fué de indignación ni de coraje. ¡Quía! -- decíame yo - Se atreven con– tra toda una colectividad unida, fu erte y pagarán bien caro su osadía! Y lleno de bríos .' ardimiento. esperaba que mis entusiastas y adictos partidarios, aquellos que en todos los tonos de la gama adula– dora, me habían ofrecido sus vidas y haciendas, en– contrarían la oportu nidad precisa para cumplir su. promesas. -- ¡ Cómo ! - - clecíame á mismo - mis amigos y

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