El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 218 político, sólo puede contarse con las influencias y servicios del sexo que yo llamaría f1tert~, cuando se trata de defenderJradiciones y derechos de ortodo– xia católica. Desgraciadamente, cómo en general. h mujer es creyente por nobleza de sentimientos y elevación de espíritu, acontece, que con las más no– bles intenciones, se convierten en instrumento de los que medran á la sombra de sus falsas creencias. Yo, aunque educado en el Seminario, bajo la más extricta enseñanza religiosa, he perdido con los años y la experiencia, mi fé y mis ilusiones de creyente: hoy desconfío del hombre que se me presenta con pretensiones de católico ferviente y desinteresado, ni más ni menos que del que se me presentara enmascarado . Muchos de esos farsantes con el an– tifáz de su fé religiosa, llegaron hasta mí, esperando conquistar simpatías yprotección, y se equivocaron. Yo creo que nuestra fé y nuestras creencias, deben guardarse, como que son el perfume de nuestra alma; y desde el punto que con ellas se especula, ó se les exhibe, alardeando y arrojándolas á los cuatro vientos, se malean ó se evaporan. La época de los tartufos ha pasado; la sinceridad y la buena fé, son el mejor escudo de toda creencia religiosa. En Lima no existe el partido liberal, propiamente llamado así ; algunos liberales exaltados, luchan dis– persos, desunidos y sin organización; y esta es la causa por la cual, no obstante ·er numerosos, son débiles y se Yen frecuentemente µospuestos por sus enemigos. De vez en cuando, se coloca en la brecha, uno de
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