El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 150 - El amor es una manifestación de la actividad del alma, y es posible neutralizar su ardor con la activi– dad corporal ó la ocupación intelectual. La mujer siente el amor con mayor vehemencia, no tanto á causa de su sensibilidad sentimental, cuanto á causa de su vida inactiva y desocupada. Un día, conocí á una mujer y la amé; digo mal, la conocía de vista de tiempo atrás, y hasta creo que la amaba, sin darme de ello cuenta. Yo había querido a.corazarme contra esas pasione!?- ; que esclavizan, ya sea imponiéndonos el matrimonio, como imperiosísima necesidad, ya encadenándonos á los piés de una mujer, á la cual debemos sacrifi– carle nuestra libertad y hacerla árbitra de nuestra voluntad . Pero ¿ quién puede disponer de su destino sin contar con sus propias impresiones?...... Quién, puede prever el curso que tomarán los aconteci– mientos? ... Hoy nos encontramos con una mujer; nos parece lin.da, la miramos un momento y pasamos, creyendo no volverá pensar jamás en ella. ¿Qué nos importa su belleza? Mañana no volveremos á recordarla más. Pero quizá, miéntras la miramos, miéntras la con– templamos sin más interés que el que puede inspi– rarnos una hermosa obra de arte, sucede que, allá en los limbos de lo porvenir, queda desde ese mo– mento, trazada la ruta que ha de seguir nuestro destino! ..... . La vez primera que ví á Ofelia fué en casa de Ernesto. Diré ántes quién es Ernesto.
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