El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- II2 - cuadros sociales, sin que sea ésta mi intención, he de darme el gusto de describir mis impresiones en los diversos domicilios donde estuve asilado. El jóven Montalvo, mi amigo y partidario, era uno de esos oficinistas duchos, intrigantes y mui conoce– dores del terreno político, en el cual se desarroilan los acontecimientos, que él especulaba maestramente. Cuando aceptó el desempeño de ese su oscuro puesto en las oficinas de Palacio, un su amigo ha– bíale dicho :-Pero hombre, ¿ cómo es que U. tenien– do como dice, á su cargo el sustento de dos familias, que ya sé que son la familia de su madre y la otra que yo le conozco, acepta U. ese destinillo, que no le dá sino ochenta soles mensuales, cuando U. ne– cesita quinientos? ... -Pues hijo -habíale contestado él- no sabe U. que los empleados de Gobierno, somos como los .cocineros de Lima: el sueldo es lo accesorio, lo principal son las bu,scas; un nombramiento de estos, no es más que una autorización para dejarnos crecer las uñas; y dizque mi amigo llevaba hábilmente á la práctica esta desvergonzada máxima. Yo había exigido que para mi asilo, se eligiera la casa de un amigo adicto al Gobierno, y que estuviera situada, en barrio apartado de la ciudad. El domicilio de Montalvo, llenaba todos los requi– sitos apetecidos para servir de escondedero á un conspirador, que como tal, necesita comunicarse con sus amigos y también contar con una salida desco– nocida y oculta, para el caso que fuera necesario es– -capar de las persecuciones del Gobierno.

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