El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 106 - me entregara la tropa de alguna guarnición; ó tam• bién llevando el grito de sedicción y guerra á los más apartados pueblos de la República, siempre procedí cegado por mis ambiciones, impulsado por los expe· culadores extrangeros, y arrastrado por esas corrien• tes revolucionarias que, en otros paises, han sido como las epi -Jemias infecciosas. Por aquel entónces, yo había leído y releído la his• toria de las últimas ruidosas intentonas de conspira• ción, llevadas á cabo por Luis Napoleón Bonaparte, con el fin de reivindicar el trono ocupado á la sazón por Luis Felipe. Y yo entusiasmado con esas atrevi– das aventuras del conspirador francés, soñaba con ser su imitador, copiándole en mis futuras hazañas. La atmósfera política del Perú, era como de or– dinario, adversa al Gobierno, y por ende, propicia para cobijar las maquinaciones de un conspirador. Díme prisa para aprovecharme de la ocasión, y llevará la práctica, atrevidos planes, que largamente madurados y combinados con mis amigos, esperá– bamos que nos dieran felices resultados. Principié por partirme á Guayaquil, y allá en com– pañía de mis fieles partidarios, aparejamos dos bu– ques; y después de prolijo alistamiento en el que no descuidamos ningún elemento indispensable á nuestra empresa, partimos con rumbo á uno de los puertos del Perú, situado al orte de Lima. En esta expejición quise imitar pié con pié, el de– sembarco de apoleón en Boulogne, y calcéme botas granaderas, y caléme sombrero de Gran Mariscal. Si de los simples ciudadanos se improvisan coro•
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