El bien para todos

,.. .. ,,,, .. AÑO I. ~ NUM. 6 PUBLIO!OION SEMANAL DEDIOJO,t A LOS AY 1CUCilAN08. Bajo los auspicios del lltmo. Obispo de la Diócesis~ BUENA VOLUNTAD. Dadme un apoyo decfa el sabio Arquímedes, y levantai-é el mundo: pensaba y decía como científico conociendo y midiendo las fuerzas ñiicas de la naturaleza. Dadme el cornzón) dadme la voluntad ha dicho Jesucristo, co· nociendo la pobreza y deb:lidad sola del hombre, y os levantaré hasta mi trono; hahfaba como Dios, pidiendo la voluntad como punto de apoyo para levantar el corozón humano hasta 19s cielos. ¡ Sublimes palabras, que son nna lección, bna enseñanza, que todos deberían tener constantemente delante de sí .••. Tener voluntad es tener todo, es ser dueño del mundo, es dominar cuanto hay y existe en el campo intelectual, moral y físico. Jgnoramos si haya mrn fuerza mayor, más potente que la vdunt·ad. Es como la fé, que trasporta los montes1 que levantar puede los astros, el universo. Voluntad, buena voluntad, ella ha hecho y hace todos los prodigios que vemos, y contemplamos .con asombro todos los días. Revol~ciona el mundo físico y en sus multiples combinaciones, descubre, ensancha y dá vida á miles de objetos y cosas para el bien, comodidad y satisfacción de los hombres. Buena voluntad que acomete empresa.,, campañas~ conquistas en el campo de todas las ciencias, de las letras, de las artes. . La buena voluntad ha hecho la civilización del mundo y la sigue haciéndo, en las regiones donde móran seres sumidos en la ignorancia, el abandono y el olvido. ¡Que son las falanges de misioneros que penetran el corazón del Asia y .A.frica, haciendo de los pueblos chinos y de la India oriental, sociedades de hombres cultos, racionales y laboriosos; que son sino eres de grande y buena voluntad 1 En nuestras montañas de Chanchamayo-,en laPangora ect1, nuestros padres misioneros de 0copa, no son hombres de buena voludtad1 Voluntad noble, generosa y abnegada, que lleva la vida espiri. iual é inteligente á esos hijos de AYACUCHO, SETIEMBRE 1.0 DE 1894. las selvas; voluntad que se estimul-a al calor de los sentimientos cristianos, de los principios del bien, del conocimi~nto del deber que impone Dios, cumplir á todos; porque todos los hombres, ~in excepción alguna, tieIJe'll que llenar ese debe,· sagrado que ha dictado el autor de la vida. Buena voluntad, ella trasforma lo malo en buen(,, lo impuro y defectuoso en límpido y perfecto; separa el lodo inmundo que tien• de á ensenagar las corrientes de la vida, tornándolas claras, cristalinas, trasparentes. Hace de la pereza, diligencin, convirtiendo la inercia, la indoleneia y flojedad de cuerpo y espfritu, en movimiento y locomoción provechosa y fecunda. A manera de crisol de iuego activo ó de háhil lapidario, depnra la grosera corteza que cu hre el corazón, la inteligencia de seres que hahrian vivido la vida bruta de la materia, y que esa buena voluntad de alguno ó algunos, ha hecho lncir á la luz del sol, y de los demás hombres, las facetas deslumbrnntes de virtudes y talento que ha beneficiado á los demás. ¡ Hombres de buena veluntad es lo que se busca y necesita pa• ra to<lo lo que hay que hacer, que falta hacer en todas partes; pero de una buena voluntad inquebrnntable, que ayuden que cooperen en la obra incompleta, defectuosa del mundo, de los pueblos, de las familias, de los individuos. La asociación de esas buenas voluntades trasformará, regenerará á todos tornándolos á su digno origen, al sublime modelor Dios. Sin la voluntad quedaría la tierra estacionarla, muda, árida, estéril; la muerte poblaría los ámbitos de este planeta donde reflorecenen todas las horas la existencia, la vida de millones de seres, de criaturas, de creaciones, que surgen, se animan y brillan y resplandecen y entonan himnos, y hozannas de grati tnd y adoración al Dios de las alturas. ¡ Admirable poder de la voluntad de los hombres que los engrandece y eleva y hace que se sublimizen y casi se confundan con su divino Autor. La voluntad dá alas para al- ·zarse· de la tierra y sobreponerse á los mundos, á los solos que sirven de humilde pedestal á Dios. Tener voluntad y hacerla actíva, es ser todo, es tornarse de ser pequieño, imperfecto y finito, en ser inmortal. · SECCION PARA EL CLERO. LE'I'RAS APOSTOLlCAS DE NUESTRO SANTÍSUJO SENOR POR LA PROVIDENCIA DIVINA LEON, PAPA XIII A TODOS LOS PRÍNCIPES Y N ACiONES SALUD Y PAZ EN EL SEÑOR Los espléndidos testimonios de pública congratulación, que en recuerdo de los principios de nuestro Episcopado recibimos el affo anterior de todas las partes del, mnndo, y á los cuales ha puesto reciente'Oente el colmo la insigne piedad de la nacion españo• la, fueron para N ós motivo <le la más viva complacencia, principalmPnte porque en aquella semejanza y conformidad de voluntades, vimos resplandecer la unidad de la Iglesia y :!')u maravillosa unión con el Sumo Pontitlce. Parecía en aquellos días que el mundo católico, como olvidado de todo lo . demás, había fijado su mirada y ~u pensamiento en el Palacio del Vaticano. Las embajadas de los príncipes, las muchedumbres de los romeros, el afecto que rebosaba en las cartas de felicitación, la santidad de las ceremonias con que se solemnizó aquel acto, manifestaban muy claramente que en lo que toca á la reverencia y acatamiento á la Sede Apostólica, los católicos tollos no tienen más que un solo corazón y una sola alma. 'I'odo lo cual foé para N ós ocasión de tanto mayor agt·ado y alegría cuanto respondía admirablemente á Nuestros pen~amientos v á toda Nuestra manera de pro~eder; supuesto que conociendo las necesidades de los tiempos que alcanzamos y teniendo presentes los deberes que Nos impone Nuestro cargo, en todo el <"'Ul'- so de Nuestro Pontificado á una cosa hemos dirigido constante· mente la mira y en una cosa hemos puesto todo Nuestro ~mpeño, ora enseñásemos, ora obrásemos, es, á saber, en unir apretadamente con N ós á todos los pueblos y naciones y en poner en la más viva clBridad la saludable influencia que ejerce el Pontifi· cado Romano en todos los órde• nes de la vida. Así rendimos en primer lugar las más cumplidas gracia, y se las debemos aún ma- ' .) yores, á la Misericordia divina, a cuyo füvor y sobel'aoa largueza debemos el haber llegádo con salud á la avanzada edad que alcanzamos, y en segu~do lugar, se las rehdimos también tnuy cumpli~amente á los prí~cipes, á los Obispos, al Clero y á todos los individuos particul~res que cbu sus múltiples manifestaciones de devoción y de acatarniento han querido honrar el carácter de Nuestra representación y la sa• grada dignidad de N uestrn Ministerio, y juntamente dar algún · consuelo á Nuestro corazón en tiempo ciertamente muy opor.. tuno. Aunque, en realidad d~ verdad, para que este consuelo fuese del todo completo han faltatlo no pocas circunstancias. Pot·que en medio de las manifestaciones populares de al~gría y de devoción que se tributaban á Nuestra Persona, ni por un momento dejó dé estar presente en Nuestro ánirno una muchedumbre inmensa de gentes de tocio punto extraña á la alegría común de los eatólicos,• parte por estar privada de la cloctrina del Evangelio, parte, porque, si bien cristiana, disiente, si_n embargo, de la ct~encia católica. Y lo que entónces gravemente nos afligía, nos aflige y apesadumbre ahora, YB: que no es posible dejar de experimentar en el alma el má.s profundo dolor al poner la atención en muchedumbre tan grande del linaje humano que se a¡.,arta y aleja de Nós como extraviada del camino. Ahora bien, puesto que desempeñamos en la tierra las veces de aquel Dios Todopoderoso que quiere que todos los hombres se salven . y lleguen al conocimienio de la verdad, y co~o, por otra parte; lo avanzado de nuestra edad y la acerbidad de N uestras pe!}as Nos vayan empujando al término de la vida, Nos ha parecido que debíamos imitar el ejemplo de Nuestro Redentor y l\laestro Jesucristo, el cual, estando á punto de volver al cielo1 suplicó entra:ñablemente al Dios !'adre que sus discípulos y se• guidores fuesen una sola cosa de mente y de corazón: Ruego ..... que todos sean una cosa, así como tú, jOh Pad1·el en mí y yo en tí1 á fin de que ellos sean . ta'l'nbiért una cosa ert nosotros ( 1). La cual plegaria y divina depre~acion, como comprenda no solamente á los que creían. (1) loan. XYH, 20, 21.

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