46 á surgir teorías, filosofías y algarabías capaces de trastornar el juicio mejor sentado. Hace pocos días daba á lnz Jales Bais un libro titulado Les petites religions de Paris, donde se reseñan los estravagantes cultos que los modernos locos il ustrados practican hóy en París. Libre pensadores, reformistas, paganos swedenborgianos, budistas, ortodoxos ecJécticos, teóso• fos, adoradores de la luz, adoradores de satanás, luciferinos, gnósticos, adoradores de Isis, essenianos, humanitario~, adoradores del Gran Todo, h4jos de la Naturaleza, J urjos a<lora<lores de las divinidades subterráneas, monadistas indios, ortodoxos rusos etéreos .... si siguiéramos la lista sería el cuento de mrnca acabar. Todos estos hombres buscan á Dios y cada uno se lo furja á ~11 antojo en virtud de la soberanía de su razón, y, como es consiguiente, en virtud de su rni~ma razón soberana, ca<l() uno sigue el camino que cree mejor para encontrarle. .Los que adoran el eter ( etéreos) sé saldrán al aíre libre, y allí, papándolo, practicarán su supertición; los que adoran al Sol, cuando el astro sale, se pondran cara á él y se contt-mtarán quizás con hacerle muecas; los adoradores de la natural<Jzn, es probable que, abrazándose á una calabaza ó aun nabo se den por felices y contentos, pero detrás vienen otros: los adoradorns <le Lucifer; los que siguen á Satán-, los enemigos del cristianismo; los que llaman bieu al mal, virtud al crime'h, pnreza á la i11f:,mia~ reivindicación ál robo, y estos no se dan por contentos con el nabo y la calabaza, sino que van al bulto, al alma del negocio, al ídolo social, al oro, su verdadero Dios; porque dicen.- 44Si ya no estamos seguros de nada, si ya no sabemos cual es· nuestro principio ni cual nue.;tro fin, ¿no es muy lógico que comamos y bebamos alégremente, buscando en este mllndo el grado snpreme de bienestar1 Y lo bu.sean á todo trance, izando por handern de su doctrina ese espectro rojo que hace temblar á los loqueros del manicomio moderno, que nunca creyeron que la locura humana llegas tan allá. ¡Oh,~·'! Tie11e razón el Júpiter de Carlos Rubio, autor del cuento: la suciedad de locos, absurda, monstruosa y desatinada, y · lo peor que tiene es, que aunque conoce su enfermedad, no admite el remedio. Pero consolémonos, aoque nos duela: el remedio se impondrá. El loco por la pena es cundo y la pena sigue al pecado como la sombra al cuerpo. Y a vienen' por ahí unos médicos más locos que nosotros que nos devolverán la zón: los anarquistas. Similia similibus currm/U,r. De "La Lectura Po¡iula1" de Ori huela. • , EL BIEN PARA TOD. S. BUENO; PERO EL ALMA NADIE La HA VISTO. ( Oo'llclnsión.) Corriente; pero iSaht·ás decirme ahora, puesto que aquí sientes resiclir en cierto modo esta tu preciosa facultad, pudrias decirn me cuál es el miembro ó el órgano con que se µiensa? Porque veo que se mira con los ojos, se anda con los piés, se palpa con las manoi-:, se muerde con los dientes, se huel() con la nariz. ¡Si habrá en el cuerpo humano instrumento apropiado para pensar, como le hay para ver, andar, oler ó morder! Y en tal caso, cuidado, que debe de ser este instrumento cosa muy sutil y de largos alcances para dar de sí' un resultado como el pensamiento, que en un minuto ó en men()s recorre el globo, tré)S• pasa los cielos, hiende los mares, deseifra problemas complicadísimos, concibe Doemas como la !liada ó la Enei(la, traza monumentos como San Pedro de Roma ó el Escorial, im}lgin1' cuadros como los <le Murillo ó los de f ortuny. Debe <le ser cosa m1Jy fina, muy rara, muy especial. iQaé·serái ¿qué no será? · Los m::iteria listas abren con su serrur.ho el cráneo á un hombre, muerto, por supuesto, ·examinándole las caviclades interiores á die~tro y á siniestro, hállanse allí con una materia gruesa, pulposa, re<londeada en forma de rj ota ó de requcson. de donde parten nervio~, como de una patata sus raicilla$; y examinando y volviendo á examinar, sueltan microscopio y P-1 escalpelo; y exclaman tan orondos y satisfechos : "Hé aquí l<'s órg~rnos del pensamiento, hé aquí el miPmbro con que se pien• sa. Como la~ glándulas sitlivares segregan snliva, ó el hígado segrPga bilis, ó los riñones segregan 01 it1a, H~Í el cerebro segrega pensamientos (I).,, Tul es la última palabra de la cienóa, ¡oh pasmo! de la ciencia m<1terialt8ta y aleja,la de la Religión! i Conoces por ahí á alguno de (lsos? Proponle ~J siguiente sencillísimo racio<'inio, á ver si te lo contesta, aunque sPa con sus escalpelos y microscopios. Todo efecto <lehe tener cansa· proporcionada á él. Y iqué proporción hay ni puede haber entre la operación pensm· y el pedazo de materia· basta, fofo y espo:-ijosa que sP- le quiere señalar como orígen1 Se c.ompreode que los sentido~ del cuerpo s€an matedale~, porque ~11 ohjnto es material, y d~ consiguiente proporcionado á ello~, Así es material la luz que hiere mi retina, el sonido que afecta mi laberinto acústico, el aroma que impresiona mi pitui~aria, por no hablar sino de lo menos grosero (1) E,ta <>s, lwr in vero ímil que parezca, la fórmula ele alguno s materialist!ls fran. coses. y palpable. De consiguiente, ma- te; que vive siempre, así como el terial es el ver, matirial el oir, ma- cuerpo se corrompe primero con t~eria1 :1 oler, m~t~rfo les todos !os las enferme!ades y luego con la <ternas actos orgamcos, porquet10- muerte. nen por objeto cosas materiales y I Y en tanto el cuerpo no es el las aprenden del modo más ma- 3ilma y el alma no es ~l cuerpo, terial, es decir por contacto físi- on tanto so1'clara y perfectamenco, motivo por el cual no se ne- te distintas · estas partes tuyas, cesita que sean ellos mismos más que vas á ver aquí apuntadas una que materia susceptible de con- porción de señales inequívocas tacto. de su diferencia. Pero díme, por tu vida: el deli- Tienen operaciones distintas. cado enlace de dos proposiciones El cuerpo ve, toca, oye la matecon una tercera que se llama con- ria y lo matedal: el alma perci- • secuencia; el sutilísimo tejido de d~, conoce, comprende, quiere la un teorema de matemática(-;; las verdad, lo intelectual, lo abstraeverdades del orden moral; lal no- to, lo que no se ve, ni se huele, ciones de deber y de derecho, de ni se palpa. · autorida<l, de justicia, de ley, Tienen goces distintos. El etc~, etc.; las abstracciones de la cuerpo-goza con lo material, con m 'tafisica; los secretos del cálcu- lo sabroso, lo oloroso, lo blando, lo nfinitesimal; todo esto que lo armónico, lo que agita los nerconst'tuye en lo humano la vida vios, lo que conmueve la sensuasupen"' r <lel hombre, ¿son cosas lidad. El alma tiene otros placeque se huelen, se tocan ó se mas- !'es· Goza, y por cierto delicadísí• tícan, ó siquiera se ven con el mi- mamente, con el hallazgo de una croscopio? iSon en una palabra verdad largo t'iempo buscada, con cosas rnateriales1 Claro, claro; la práctica de una bu~na obra, responde: ison cosas materiales, con una victoria sohre sí misma; sí ó no? ~í lo son, muéstrame á y cuenta que eso s\Jcede muchas q_ué órden de materia pertene~en, veces hasta con amargo sufrimien4 s~ son sólidas, líquidas ó gaseosas, to del cuerpo, prueba evidente de s1 son de naturaleza flúida como la distinción de que venimos hala electricidad y el calórico, ó blando. Goz3. con el arte; un verdensas de tomo y lomo como el so solo la tiene á veces largo tiemplorno, ó <luras como la piedra be- po en agradable suspensión: goza rroqueña. ¿¡¡ no son materiales, en la virtud, goza ~ el heroísmor luf'go el sér que las com~H'ende, y cuidado que nada de esto se examina, desmenuza, analiza y bebe ni se come. Tienen nece-• d_omi!1a, este ·sét· debe ser supe- sidades distintas. El cuerpo ueceno!· a ellas; luego es más que ma- sita de pan y de ,tino, de luz, de tena; luego es lo que la sana filo- aire respirable, etc, El alma nesofta, el instinto universal del gé- cesita otro pan,. otra luz, otro ainero humano y Ja Religión lla- re, la verdad, la paz interior, el man alma espiritual. Luego no es consuelo de la amistad; por donel cert:ibro, por grande que sea, el · de ~s cosa muy corriente enconorígen del pensamiento. Grande trar hombres muy mal tratados cerebro tienen el buey y la baile- ~n el cuerpo, y con todo mu_y fena, y no resuelven problemas, ni hces en el alma; y al revés homdietan discursos, ni componen o- bres muy desdichados y atormendas á pesar de su voluminosa ma- tados en su alma, á pesar de no sa cerebral. A lo más concederé- faltarles á sus cuerpos na<la de lo mosque el cerebro es quizá (no que estos pueden apetecer. e~ cosa averiguad~) el asiento del Tienen sufrimientos distintos. alma y el trono de sus operacio- El cuerpo sufre dolores, malestar, nes; pero confesarás, amigo mio, desmayos y agonías. El alma suque una cosa es la· siila~ por bien fre penas de otro género, desc<mlabra<la que sea, otra el legislador fianzas, desesperación, celos, odio que dicta desde ella su ley. Cata remordimientos. Y aunque el alahí lo que hacen bonitamentl=} los ma Y el cuerpo por razon de su materialistas. Abren el cráneo union misteriosa, que oadie hasdesierto ya y desocupado de su ta,,hoy pudo descifrar, se influyen inquilino principal. Topan con la mutuamente, no obstante, los peyerta materia del cerebro, y ex- sa~es det uno son siempre muy claman como si realmente salie- distintos de los pesares del otro, 'SCll del atolladero: ¡He aquí el a- co"llo de los goces hemos arriba mo de lo casa! Sólo que no es a- indicado. • quello el amo de la casa, que el 1,iene~ destinos distintos. El tal salió y la dejó desocupada pa- cuerpo vive y muere poco desra mucho tiempo, sino simple• pues Yse pudre en la tierra, cuanmente el asiento tal vez,que aca- 1 do ~a llenado su misión, que es ba de dejar todavía caliente. servirle sobre ella como de vehí• culo y domicilio al alma. El alTienes, pues, alma, amigo mio, aunque no la veas, ni la haya visto nadie, porque estas cosas no son de las q11e se y~n, sino de las que se conocen y se siente. Tienes alma, es decir, reside en tí un sér que no tiene partes como tu cuerpo; que no depende de él en su existeucia, aunque se sirva de él para algunas de sus operaciones; que es activo de suvo, así como ia materia de suyo ~s inerma vive en él como encerrado, pero no mu6re con él, sino que le sobrevive en otra vida superior de castigos ó de recompensas. Y precisamente está aquí todo el nudo de la cuestión para los pobres incrédulos. Níngún cuidado les diera saber ó no de su alma, ni pensára1~ en ella si no les estuviese á todas horas hurgando ahí en la conciencia el pensamiento ele su último fin. Esto se les impone á pesar suyo, éste los mor
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