-Está bien; convengo en que no soy bruto, ni he salido del mo· no, ni son tales mis famosos ascendienies; pero que teng en mí esa quisicosa que llamáis alma y que nadie ha visto jamás, por más que todos hablen de ella, eso es lo que yo quisiera ver muy e claro con algunas razones así sólidas y macizas. -No me pesa tu deseo, amigo lector: ten para eso la paciencia de aguardar el próximo artículo. POESI.A. Cual el du]Qe 1·oeío De la alborada Que á los áridos campos Viste de grama; Así tu Poesía A )os vertos espíritus .Les das la vida. ¿Quién hay que no se goce Con tus halagos Y que al punto no olvide ¡Ay! sus trabajos! Tú eres del almíl , Que ~ptre angustias fallece La dulce sabia. Tú eres el gran consuelo . Del que hastiado Y a no end.1entra en el mundo Ningún halago: Tú siempre has sido Amiga inseparable De l .. mendigos. 8i todos te celebran Es porque eres D o quiera de la tierra Reyna de Reyes. Por eso todas Las naciones del orbe Te llaman Diosa. Tú eres como la alondra De la mañana Que doquiera que existe Alegre canta; Como las flores Que embriagan con su aroma Los corazones. ¡Supremo bien del cielo! ¡Dicha inefable! Que enterneces el pecho Del más infüme, Y al fin le obligas A practicar acciones Las más benignas. Tú lloras las desdichas De los que lloran Y aumentas la alegría De los que gozan. Por eso el alma Que no goza tus dones Es desgraciada. Tú eres la tierna madre De las virtudes _Que han hecho de los hombrea Bellos querubes. 1Tú eres la gloria Del que en tu dulce seno Sonrie y llora. Por eso desde niño Yo te quería C o,t o al único alivio De mis desdichas; 11iL JH~N PA.KA TUOUS. Como el consue Con que cuenta el proscrito ~n su destierro. Apenas vine al mundo Quedé sin padres Más eu tí encontró al punto Mi orfandad madre. Por eso te amo Como las flores aman Del sol los rayos. Cuando huérfano y solo No divisaba Ningún ser que alegrase .Mi triste infancia, En tí hallé siempre, La amiga más amante • Del que pndece. En todas las angustias ¡Ay! de mi vida. Tú ha~ ~ido inseparable Mi dulce amiga. ._, Por eso quiero En tu~ divinas alas ·Volar al cielo. 1N ~lt RCION R S. DE Li\ EXISTENCIA DE D10s. Las fuerzas de la limitada inteligencia del hombre no pueden alcanzar á conocer la esencia del Ser ·Supremo, por corndguiente no se puede dar una demostración á priori; pero puede probarse esta verdad, apoyado en los efecto"' de la causa eficiente ó dar una demostración á posteriori. Todos los sores que pueblan este vasto universo, publican con un lenguaje mudo, pero sí clara y enérgicanwnte de que son creado~ por una poh•ncia absoluta y una sabiduría infinita; en todos los instantes del tiempo reclaman por su autor Soberano, cumpliendo cada cual su misión que,. la voluntad del Seíior les ha fijado. Avergonzando por cierto á algunos hombres insensatos que dominados por una sobérbia satáni• ca y por dar pábulo á sus inclinaciones reprobadas por la moral y la justicia, defienden con escándalo, que todas estas entidades no han sido sacadas de la posibilidad á la existencia por una voluntad omnipotente, sino que las produjo un acontecimiento repentino ó casual. Verdaderamente para canonizar semejante despropósito es necesario estar poseido del príncipe de las tinieblas, porque un cerebro despejado y nutrido con las sanas y suaves ·sabias de una pequeña ilustración, jamás puede pensa1· en dislates de bulto. Venid incrédulos enciclopedistas, desventurados racionalistas, materialistas inconcientes, alzad un poco siquiera vuestra serviz orgullosa, penetrad con vuestra séria consideracion en ese gran firmamento y veréis. esos astros miríficos y magestuosos que tachonan los cielos; fijándoos en los volúmenes, distancias, número, disposición, órden, armonía y relaciones, y os encontraréis for. zados á confesar, mal que os pese, la existencia. de un Ser necesario creador de los cielos y la tierra, ~ que los llamó á la vida con una sola palabra omnipotente, como dice el Salmista, lpse dixit et Jacta sunt, ipse mandavit et creata sunt. El volumen de cada uno de los cuerpos que se encuentran en la inmensidad del espacio, no está al alcance del hombre; peri.> po• demos decifrar el de los principales. El ~ol, este astro por antonomacia, fuente fecundo é iná• gotable de luz y calor, este deslumbrante cuerpo llamado por la Escritura Santa el luminar mayor, esta mole ígnea1 centro de todo el gran sistema planetario, es un millón de veces mayor que el planeta donde moramos. El planeta Júpiter, es de una capacidad mil veces mayor que la tiena. Saturno, es de un grandor poco menos, será como de novecientos noventa y nueve veces mas. La distancia de acá á cada uno de éilos, no es menos ~orpreudente, ni la distancia proporcionada que hay entre éllos recíprocamente. La P.strella fija que está más próxima á nosotrns, llamada Sirio, se encuentra á la altui-a de veintisiete mil veces mas distante que el sol, siendo la distancia á éste, casi de treinta y cinco millones de leguas. ¡Cuán.. ta será á las apartadas estrellas fijas! y ¡cuánta á las que los telescopios van descubriendo segun iUS adelantos! .Las distancias de unas á otras son también considerables. El número de las estrellas causa todavía más admiración, pues la sola vía-lactea que ocupa un pequeño espacio en la bóveda infinita, contiene un sin número, que al contemplarlo uno queda asomhrado; esas constelaciones de más ó menos número, esas sueltas que llenan ese gran vacío; así se puede declarar que el número rle las estrellas, es poco menos que infinito. Ahora segun los conocimientos astronómicos, cada estrella fija. son otros tantos soles, ceo tros de otros tantos sistemas planetarios: agréguese á esto el número de planetas de primero y segundo órden v los cometas. Excede más en admirarnos, la ·disp,>sición, el órden, la armonía y relaciones que se observan en estm, cuerpos celestes; en efecto, en Ias órbitas concéntricas de los planetas, y en las órbitas excéntricas y periódicas de los come• tas; en la agregación y distribución de los satélites que acompañan algunos planetas principales, girando constantemente al derre· dor de ellos y al mismo tiempo girando con ellos al derredor del sol, sin que en estas revoluciones tan múltiples y diversas choquen y se embaracen; describiendo cada cual su órbita regular sin separarse nunca de su respectivo eje, obedeciendo á las dos fuerzas centrípeta y centrífuga que los equilibra. Corno es que hayan necios que no pueden ó no quieresi recono39 cer á presencia de estas suhliR1eg obras la potencia y sabiduría del autor y la misma existencia de éste1 y tienen la temeridad de aclamar como princi¡>io á la casualidad1 la casualidad ha tenido esa potencia sobrenatural para producir estas copiosas y abun"' dantes maravillas! cómo es q~e esta casualidad tan encomiada, ya no tiene por ahora esta actividad? se le han agotado las fuer• zas1 Mientras en Dios la omnipotencia es su esencia misma y puede crear á sn voluntad otros mil mundos celestes y más perfectos. · Si nuestra atención aplicamos á la tierra, vemos que nuestro globo no es mas que un punto re~pecto al universo, á pesar de que, segun los cálculos más aproximados tiene veintiseis mil millas d'e circunferencia y ocho mil quinientos noventa millas de diámetro. Se halla colocada suelta sin afianzamiento en el espatio, que al parecer está inmóvil, solo por la ley de atracción que el sol ejerce sobre ella. Tiene dos movimientos, de rotación que dá lugar á la suceción del día y de la noche de una manera periódica; otra de traslación al derredor del sol, en cuyo giro avanza cuatrocientas dieziseis leguas por minu• to, volviendo al punto de donde salió en trescientos sesenta y cinco días más seis horas, resultando de este movimiento los años comunes y visiestos. Su posición y distancia del sol está tan convenientemente situada, que más próxima no pndríamos soportar . el calor de sus rayos y más lejos nos helaríamos. Ella contiene variada multitud de séres vivientes de estructura múltiples, que forma el reino animal; incalculables árboles y plantas, que con~~- tituyen el reino vejetal, y el reino mineral que encierra en sus entrañas, no es menos rico, ni menos admit·able. Cada uno de estos reinos están sujetos á leyes especiales constantes que no sufren alteración, ni modificación alguna. El mar, no obstante de las fuertes agitaciones de sus olas, á pesar que la conmueven continuamente los vientos y las tempestades, respeta los límites designados, sin traspasarlos nunca. Sus aguas evaporadas en la atmósfera y convertidai en lluvias y nieves, alimeotan las fuen• tes, lagos y ríos, volviendo á recibir en su seno por una circulación continuada. La multitud y diversidad de peces que se encuentran en la profundidad y salobridad de sus aguas, el organismo y la configuración de éstos, causa sorpresa. La atmósfera, esta capa de gases y vapores qne rodea el globo terráqueo, es diáfana, sutil é in.. visible que dá lugar á que nos veamos y persivar.1os los objetos que nos rodean, sin ella sería imposible la vejetación, come la vida animal; élla distribuye la luz, propaga el sonido, alimenta y conserva los vientos; élla contiene, recibe y tiene suspendidos en • •
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