~ NUM. 10 ., 1 PIJBLIO!OION SE~UNAL DEDIOAD,t ! LOS AYJOUCH!NOS. Bajo los auspicios del lltmo. Obispo de la Diócesis. CAMINOS DEL BIEN.... Las aves conocen y preacien. ten los tiempos JI previso ras toman sus cuidados y medidas. · En este siglo de las luees como ·se ha dado en llamarle con tant o . 1 ~mpeño, es cuan.do más tropie'za..¡ y caen los hombres; esto prueba -que á pe$ar <le Jas d~antadas ]uces de este pomposo ,;:iglo, se anda á tontas y ciegas .... • . ·semejante estado de corn s hace salt·:r al ·momento estas ó parecidas pregunta~: iPor donde andamos? iQue··senda hemos tomado? tTenemos conciencia del camino recorrido? tSabemos con evidencia el~ _,; .;_ mino de nues ra march~1 .. 1 Preguntas son esias , que sr,! amente se hacen .Sl~rndo hay.....,!''- flección, cuarício hay seriedad y ' buen sentido· · · No sucede lo mismo si en In~ gar de estas int_erroga.ciones tan necesarias y natttrales al 8€1" racionai, se vive como en lenguaj;~ vulgar se dice vivir de memoria; sin .darse cuenta de nada, sin preocuparse de lo que sucede y r ealiza á nuestro deredor; sin qu e importen los acontecimientos buenos ó malos; mirando todo c un esa frialdad estólida de los .q ue no saben leer en los · sucesos de los tiempos; ciegos voluntarios, no se toman el trabajo de mirar con alguna detención cuanto se realiza á nuestro Jado; indolentes y enervados bajo el dominio de la materia, solo preocupa lo que se tiene de cerca, para satisfacer ]a vida de los sentidos. Vivien<lo con esa indolencia matadora, síntoma del en-~rvamiento crónico en el alma, en el cerebro, en el corazón; no hay que estrañar que demos tantos pasos en falso, que tropezemos por todas partes, que nuestras caidas sean de ordinario el esta. do corriente de nuestra existencia miserable y empobrecida. Hahlemos sin embosos, aunque nos duela; formamos agrupacio • nes de pueblos que damos pena. Somos colectividades de entes sin conciencia de nuestros verdaderos intereses; todo nos acusa y _ ~~nuncia las diarias faltas, la floJeilad y pereza que nos invada v Ja poca ó ninguna esperanza le nuestra rehabilitación como hom• AYACUCHO, SETIEMBRE 29 DE 1894. bres y colectivamente como pue.:. blos. Y esta es u na de las fases más des· hmtadoras que ofrecemos al estudio de otras naciones. ·• Otra faz de nuestra vida y que alarma y estremese por et 'imperio que ejerce en los individuos y aun en las sociedades, es la dP.sunión tan marcada é intransigent~, q' acreciea ta los odios recí pro• cos, rencores ocultos é implacable", tornando á todos en fratricidas aun más culpables que los primeros hijos del Paraiso. · Abeles y Caines furio5-os que se despedazan sin misericordia, ilestrozando á la madre común, la Patria; esta por mil motivos victimada Patria nuestra. Contem pi ando los estragos quo se vienen acrecentando cada día por los propios hijos, y con satánico aplauso de los vecinos de .nuestras fronteras; no sabemos que lenguage emµlcar para llamar á la c,mcor<lia., á la fraternidad comú·n, al abrazo general, á todos los hijos de esta Patria, deponiendo todas las diferencias que estrangulan nuestra existen• cia como socieda.d y como nación. Hasta aquí este modo de ser tan deplorable, dá la meqida del extravío prolongado con que marchamos desde tiempos muy atras. Se han per<lido de vista Jos caminos dP-l bien, y caminamos por sendas tortuosas y estraviadas que nos conducen á un abismo sin fondo. Todos nuestros pasos van en derechura al precipicio, á la cima de las mayores desventuras, camino seguro en que se pierde nuestra propia personalidad, nuestras familias, nuestra Patria, y con ella el honor y cuanto hay más caro al hombre. Hay que cambiar de rumbo y entrar de lleno en los caminos del bien: será menester señalarlos en medio de las luces de este siglo tan brillante1 .•.•••••, 11. (Continuación.) Dan aliento y audacia á los ad- 'versm·ios tle la verdad para combatirla, y enervr,n lasfuer• zas de sus defensores para sostr-nerla. Por mas que los enemigos de la Religión estén <livididos hasta el extremo en la profesión de innumerables, variados y opuestos errores, están conf~rmes, sin embargo, en su odio á la maestra infalible de la verdad revelada la Iglesia católica. Mas prudentes estos hijos de las tinieblas en sus negocios, que los de la luz en los que deben intervenir, como dijo el Salvador, conocen casi por inst~nto Ja utilidad que puede resultar á su malvada causa de la división de los católicos, y procuran fomentarla y conservarla cuanto está de su parte. ' Entre otros provechos que esa falta de unión les proporciona, podemos contar la disminución de los obstáculos que p9drían O· poner los hijos de la Iglesia aptos para el combate á las malignas aspiraciones de sus enemigos, y esto los anima á combatir con roás audacia, resolución y éxito. ~in eso ciertamente, dice Le!>t; u~ ( Ene. Sapientire chris- ·tianre ), los hombres malvados tendrían inenos audacia y no causarían t n grandes ruinas. Se añade á esto que es actitud en que están los católicos, es muy semejante á la que reprende el Apóstol en los fieles de Galacia cuando les dice: unos á otros os mordéis .'I roéis; mirad no os destruyais los unos á los otros, la ven con sumo gusto los adversa• ríos, porque les despeja el terreno y les deja bastante expedito el camino para poder sembrar á mansalva en el campo del Padre ele familias toda clase de perversas doctrinas y corruptoras máximas con que contaminan á los fieles. Estas doctrinas darán á su tiempo los frutos funestos del extravio y corrupción que produce siempre esa cizaña, cuando llega á germinar y desarrollarse sin obstáculo bastante fuertes oara impedirles llegue á sazón. · Ahora bien, amados lectores; sin atender mas que á lo referido sobre la falta de unión de los católicos, podéis fácilmente conocer la maligna satisfacción que debe producir á los emisarios <le Satanás. Ellos podrán aplicar en su favor y en e.stas circunstancias las palabras de Zacarías: Salud de nuestros enemigos y de mano de todos los que ,ws aborrecen, Si, podrán orgullosamente apostrofamos diciéndonos: "En el triunfo de nuestros errores, en el éxito de nuestros trabajos estratégicos, en el feliz estado en que se hallan nuestros asuntos en los pueblos cristianos, en esa pasmosa facilidad con que hacemos en ellos prosélitos de nuestra causa y los conservamos en nuestro ser- · vicio sin esfuerzo ap~nas, en todo esto han tenido mas influjo que nuestra habilidad, vuestra negli• gencia y vuestras rencillas. Si distraidos con vuestras diferen- ' cias no nos hubiérais permitido entrar en vuestro campo; si no estuviérais desunidos, nos habría• mos visto obligados á luchar cuerpo á cuerpo con un ejército ague• rrido y disciplinado; y si no éra- 1 mos arrollados, t~ndríamos que conquistar con tesón y palmo, á palmo, el terreno que tan fácilmente cayó en nuestro poder, conservamos hoy y aumenta cada día. Queremos echaros en cara hasta donde se extiende nuestro triunfo. Dirigid la vis'ta al Oriente, vol• \'edla al Occidente, Septrentión y l\1ediodía; reparad lo que pa~a eo to<las las naciones que un día fueron cristianas y veréis que en éllas casi enteramente vence, rei~a é impera nuestro Satanás. E.l príncipe de este mundo, qu6 Cristo había de a1'rqjar fllerza, como se dice en el Evangelio, y que en efecto había expulsado de esas naciones en que antes aquel dominaba sin rival, haciendo que en ellas fuese Maestro en todo; el príncipe de este mundo, repitimos, ha vuelto en los tiempos presentes á recobrar en aquellas casi todo su pérdida influencia, su fuerte poder, su formidable imperio. Aquel dicho de Tertuliano, cuando manifestaba á los gentiles ser inmensp el número de cristianos que lo ocupaban todo, á excepción de los templos en que se rlaban culto á los ídolos, puede aplicarse, pero en sentid<J inverso y con admirable exactitud, á la trasformación moral y re ligiosa que se ha verificado en las actuales sociedades, antes cristianas, hoy paganizadas! Son t~n-- tos y están tan extendidos por todas partes los que, aun llamándose cristianos y católicos, han optado por ser imitadores de Lucifer y seguir su ya triunfante pendón, que podemos dirigir á los que constituyen el pequeño número, y se conservan fieles al que llaman su Salvador. Sí, lo ocupamos todo; solo para vosotros quedan los templos, abandonados ya para los demás i Queréis enteraros más minuciosa. mente ele la casí omnímoda Ín-
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