El aprendizaje de la libertad

desembarcó en América en 1822 con una carta de recomendación de Humboldt a Simón Bolívar, quien lo incorporó en su comitiva al Perú. Fue, asimismo, un especialista en lo que por entonces se llamaban las «ciencias de la tierra», un campo que incluía las especialidades que hoy constituyen la geología, la paleontología, la zoología, la botánica, la mineralogía y la química. En el Perú cumplió un destacado papel al tratar de reflotar la actividad minera; ya como autoridad, ya como empresario. Su relativo fracaso en ello (lo mejor que dejó fueron sus magníficos estudios sobre los asientos de Cerro de Pasco, Puno y Huancavelica, una Escuela de Minas y un Museo Nacional de Historia Natural en Lima) fue una prueba de que lo que ocasionó la postración de la minería en la postindependencia no fueron los hombres, sino la mala política general y las circunstancias históricas que hicieron que la plata peruana debiese ahora competir con productores más poderosos y mejor situados para llegar al mercado europeo, como México y los Estados Unidos. Rivero fue también una especie de iniciador de la arqueología peruana, pues coescribió, con el viajero suizo Juan Jacobo von Tschudi, el libro Antigüedades Peruanas, de 1841, editado en Europa. Uno de los estudios de Rivero realizado en París bajo la dirección de Humboldt versó sobre las propiedades fertilizantes del guano de las islas. En 1840, desalentado por sus fracasos como empresario en las minas, decidió probar suerte con un embarque exploratorio de guano hacia Inglaterra, para lo cual se asoció con otro minero de Pasco, Francisco Quirós. La prueba tuvo un éxito tremendo y en el Viejo Continente se desató una ávida demanda por el guano peruano. La bonanza guanera pondría otro ingrediente en el escenario histórico peruano, al fortalecer al todavía precario Estado republicano. 3 Sobre el grabado de inicio: Hacienda de San Pedro de Lurín. Wiener (1993[1880]). 94

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