los hombres que aprovechó estas circunstancias y realizó exploraciones en la zona de Morococha, junto con su cuñado Octavio Valentine. Buscaban minerales de cobre, que por esos años despuntó como el metal promisorio, por encima de los tradicionales metales preciosos, gracias a la explosión que hubo en su demanda para el tendido de conductores eléctricos y la fabricación de motores movidos por corriente eléctrica. Juntos montaron la Sociedad Minera Alampampa, que comenzó a explotar diversas minas de Morococha, como Ombla. En los años siguientes Proaño estableció otras empresas mineras, como Austria-Duvaz y La Mar, varias de las cuales siguen en actividad. En Tamboraque llegó a montar desde 1906 una moderna planta de refinación, que aprovechaba el carbón, obtenido de otra de sus explotaciones mineras. El control de la refinación era clave para que las empresas puedan mantener su autonomía y logren aprovechar todos los beneficios de la exportación de metales, al vender los minerales no en estado bruto, sino concentrados o, inclusive, totalmente refinados. En la planta de refinación, Proaño apeló a la tecnología más moderna del momento como la teletransportación por cables aéreos. En la década de 1930 modernizó la planta, echando mano a la biolixiviación, que le permitió aprovechar el plomo y zinc de los minerales. Entre la pléyade de empresarios mineros que hacia 1900 pusieron la economía peruana de pie, Proaño destacó por negarse a vender sus empresas a los sindicatos estadounidenses que desde el inicio del siglo XX iniciaron la desnacionalización del sector. Las empresas estadounidenses Cerro de Pasco Mining Corporation y Backus y Johnston recurrieron a maniobras en el Poder Judicial y a juegos políticos en los directorios de las empresas para obligarlos a vender, lo que consiguieron parcialmente en 1907 y 1911. Proaño prosiguió litigando en los tribunales contra dichas maniobras, pero era una guerra de un pequeño David contra un Goliat experimentado y nada torpe. Como otros empresarios, Proaño tuvo también una carrera política. Se desempeñó como diputado por Junín, fue regidor del concejo metropolitano de Lima y alcalde de Ancón. Murió en 1945. Basado en información de la revista Minería 413 y Thorp & Bertram (2013). En el caso de la agricultura la producción para la exportación se localizó en la costa norte y central, donde prosperaron las plantaciones de azúcar y algodón en latifundios de varios miles de hectáreas. Para la mano de obra se recurrió al sistema del enganche (que reseñamos en el segundo capítulo de este libro), tanto en la minería como en la agricultura. Tal como anotó el historiador Heraclio Bonilla, esta fue una forma como los campesinos aprendieron a vender su excedente de trabajo. La minería del cobre y la plata se extendía por casi toda la sierra, pero con una concentración importante en la región central, donde los yacimientos de Casapalca, Morococha, Yauli y Cerro de Pasco aportaban la cuota más importante. 251
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