Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

es activo el consentimiento, no lo es sin reservas, sin contradicciones. La razón de esto está más allá del pensamiento, en el hecho de que toda sociedad, incluidas las sociedades primitivas más igualitarias, tiene intereses comunes o particulares que se oponen y se componen cotidianamente. Sin ellos no habría habido jamás historia. Pero, aunque importe enormemente para la evolución de una sociedad, como para el destino singular o colectivo de sus miembros, que exista en los dominados una convicción profunda de la legitimidad de sus sistemas, una adhesión mitigada, una aceptación sumisa, una oposición latente o, en fin, una hostilidad declarada, estamos ante tantas figuras distintas de una fuerza

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