ha sido relievada como una actitud lascasiana del momento, evidente, por cierto, en el obispo de Charcas (Mahn-Lot, 1982). Las visitas continuaron siendo punto fundamental de la administración colonial. Durante el gobierno del primer Marqués de Cañete se hizo también una visita general que cubrió buena parte del Perú actual, más regiones ecuatorianas y bolivianas. De ellas conocemos los fragmentos correspondientes a Guamanga y Chincha (Bandera, 1965; Castro & Ortega Morejón, 1971), sobre todo la segunda ha sido editada sucesivas veces (Crespo, 1977), y proporcionan una información particularmente útil. Jiménez de la Espada menciona la Instrucción de lo que Alonso Manuel de Anaya ha de hazer e guardar en la visita e quenta de los naturales que le está cometida de las provincias e repartimientos de indios, de esta ciudad de Los Reyes e de su jurisdicción, que están por visitar, «fecha en Los Reyes a 15 de setiembre de 1557 y firmada por el citado Marqués de Cañete; la cual consta de 42 capítulos, donde se encuentran ya apuntadas las disposiciones que, años después, puso en práctica don Francisco de Toledo» (Jiménez de la Espada, 1965, I, p. 257). Existe un resumen de dicha visita en la Colección Muñoz de la Real Academia de la Historia de Madrid (T. LXV): Relación de los naturales que ay en los repartimientos del Perú, en la Nueba Castilla y Nuevo Toledo, así de todas hedades como tributarios, conforme a lo que resulta de la visita que dello se hizo por horden del visorrey Marquez de Cañete. El valor de los tributos en que están tasados hasta el año de mil quinientos e sesenta y uno. El virrey Toledo dispuso una nueva visita general, de acuerdo con las disposiciones de la corona, en diciembre de 1568. La finalidad de esta visita era una vez más el recuento de los pobladores por razones tributarias, aunque contando esta vez con la imposición de las reducciones, llevadas a cabo por primera vez con éxito administrativo. Para el trabajo, que ocupó los años de 1570 a 1575, Toledo nombró una legión de visitadores que cubrieron prácticamente todo el territorio o lo más importante de él. Solo conocemos fragmentos y las tasas correspondientes (Levillier, 1940; Espinoza, 1963; Málaga, 1973 y 1974a; Cook, 1975; cf. este volumen, cap. 3), si no todos originales o conclusiones de los mismos, sí los resúmenes generales y las tasas correspondientes. Tal vez el punto más importante para la historia andina resida en la presencia de las reducciones, en las disposiciones sobre la mita y en la reformulación de las tasas que permiten sin duda una mayor proyección en lo que atañe a la desestructuración de la población andina, 28
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