refrenda a Rafael Varón cuando afirma: «Pease había logrado su gran objetivo de incorporar la historia andina a la historia del Perú» (2004, p. 48). El comienzo de este logro está esbozado en la presentación que aparece en las aludidas solapas de la primera edición de este libro habida cuenta que él fue: «uno de los más destacados exponentes de la nueva generación de historiadores peruanos, a partir de una revisión crítica de la imagen ofrecida por la historiografía tradicional y de un balance de los nuevos hallazgos realizados juntamente por la antropología e historia modernas», que en el caso de su trabajo incluye la arqueología y también la ecología, como esbozó en este libro. En el prólogo a la tercera edición he puntualizado que Franklin hizo este trabajo en tiempos del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, que requería la sumisión ante su autoridad estatal, además de querer legitimarse promoviéndose como un régimen que retomaba y actualizaba la visión de los Incas que emanaba de las crónicas y que él cuestionaba. La finalidad militar era alcanzar desde arriba un racional ordenamiento y desarrollo de la actual sociedad peruana. La permanente conversación entre nosotros, solos, sobre cómo la historia se hace desde el presente, es válido argumento en el siglo XXI para preservar aquellos soportes documentales donde ha quedado algo de la manera de hacer política cultural pública peruana en el mediano plazo, habida cuenta que Franklin fue jefe de investigaciones y publicaciones y luego director del Museo Nacional de Historia en tiempos de ese gobierno autoritario; y, cuando el país recuperó la democracia en 1980, fue nombrado director nacional de la BNP. La inclusión de la arqueología y la ecología para hacer viable la historia andina en la década de 1970 le acarreó sinsabores académicos a Franklin que están esbozados en su correspondencia, principalmente con John V. Murra y también con el arqueólogo estadounidense John H. Rowe (19182004). Esta afirmación mía se puede verificar en su archivo porque hizo copia de las cartas que él les enviaba y que guardó junto con las respectivas respuestas de estos ilustres peruanistas. Estos sinsabores los tengo especialmente en cuenta al llevar a cabo la tarea de preservar sus libros y otros documentos en la BNP tomando como punto de partida que la historia y la ética preceden a los «motivos jurídicos» y las razones legales que en nuestro país sustentan la existencia de los repositorios documentales. 169
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