El caso de Polo de Ondegardo es importante. Funcionario y consejero estimado por la autoridad central fue, como lo demuestra en detalle Raúl Porras, un aventurero brioso y juvenil durante las guerras civiles, que inició su vida administrativa con Gasca, cumpliendo tareas diversas y, entre ellas, la elaboración de las primeras ordenanzas de minas aplicadas a Potosí (Porras, 1962, pp. 266-267). Con el Marqués de Cañete fue corregidor en el Cusco, donde ejerció su interés en las cosas andinas (estudio sobre los ceques, por ejemplo). Desde 1559 hasta los primeros años de la administración toledana, el licenciado Polo fue consejero de la administración en forma constante. Sin embargo, puede discutirse ampliamente si fue el primer toledano, como se afirmó al atribuírseles el Anónimo de Yucay de 1571. La imagen podría ser muy bien la contraria, considerándolo el último representante activo de la generación anterior, que tuvo su auge en la década de 1560, años previos a la llegada de Toledo 93 . Después de 1517 se advierte un cambio que perfila una nueva situación histórica. A raíz de la presencia toledana asistimos a la incorporación de un tipo de burocracia diferente, relacionada quizás con los alumnos de los funcionarios flamencos que remozaron la administración real española con Carlos V. La administración colonial abandonó los criterios diferenciales manejados en cada región e impuso sistemas únicos de control (nuevo régimen tributario, mita, reducción uniforme, etcétera), fortaleciendo evidentemente al estado. Es como si se formaran dos procesos históricos divergentes, cuando se quiere explicar mejor la vida peruana del siglo XVI en adelante, la vida de las ciudades fundadas por los españoles, y la vida del mundo rural andino dominado. El mundo occidental se instaló a través de las ciudades, generalmente costeñas y portuarias, ya que los puertos eran mucho más importantes para la instalación de los mecanismos de dominación europeos, y las incorporó paulatinamente a una economía presidida por el uso —aún nominal— de la moneda. Un mapa de este mundo andino urbanizado en torno al virreinato incorporaría por cierto a los centros mineros y a las haciendas que se formaron alrededor de las ciudades, y donde la moneda tuvo una mayor influencia, así fuera únicamente alrededor de las ciudades, y donde la moneda tuvo una mayor presencia, así fuera únicamente a través de los salarios figurados y no en una circulación real. La vida de las ciudades se occidentalizó más y más en la costa, viviendo de una economía portuaria, de exportación de metales amonedables, de importación de bienes europeos que los funcionarios 139
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