más y que después se fueron los que quedaron (Archivo Nacional de Bolivia, Sucre, EC-1611, Nº2, ff. 33v-34r; agradezco esta información a John V. Murra). Se trata de una petición que presentó: ...don Juan Arapa y los demás principales e yndios mitimaes que residen en el asiento de Millirea provincia del Collao...en apelación...don Luis Enríquez (¿de Monroy?) visitador de aquella prouincia en que mandó que... se reduxen a los pueblos y repartimientos de donde dicen que son originarios y para tal efecto les quemó sus casas. Notamos aquí que la presencia de un Cari, señor de Chucuito, aparece relacionada con los pobladores de la orilla opuesta del lago, decidiendo movimientos de población en «territorio» de otro grupo lacustre, e incluso en interrelaciones que suponen un control de los lupacas sobre «territorios» de Hatuncolla o Pacajes. La situación es más evidente si tenemos en cuenta que, una vez idos los mitimaes, de acuerdo a la disposición de Cari: tuvieron guerra los yndios Canches y Canas que son del término del Cusco con los indios deste pueblo de Guancané Moho Carabuco y Quirrcas que es términos de los Charcas y entonces en aquella guerra hecharon fuera desta juridiçión a todos los yndios forasteros... (Archivo Nacional de Bolivia, anteriormente citado). Las vinculaciones entre los pobladores de los grupos que rodeaban al lago deben haber sido mucho más estrechas de lo pensado hasta aquí. Aunque se pueda presumir que los mismos fueron anteriores al Tahuantinsuyo, no es posible soslayar la declaración de don Francisco Vilcacutipa, anciano curaca de Ilave hanansaya: «dijo que a su abuelo de don Martín Cari que se llamaba Apo Cari le hacían chácaras en toda esta provincia porque era gran señor como segunda persona del ynga y mandaba desde el Cusco hasta Chile...» (Diez de San Miguel, 1964, p. 107). De otro lado, tenemos información proporcionada por los cronistas, que nos dice que los «collas» sometidos a Hatuncolla controlaban «más de ciento y sesenta leguas de norte-sur; porque era cinche (Chuchi Cápac) o, como él se llamaba, Cápac o Colla Cápac, desde veinte leguas del Cusco hasta los Chichas, y todos los términos de Arequipa, y la costa de la mar hasta Atacama, y las montañas de los Mojos» (Sarmiento de Gamboa, 1947, p. 191). Es visible que estos «territorios» no pueden ser entendidos como una unidad territorial uniforme y continua, sometida a la autoridad central 129
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx