Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

República, aunque requiere de la búsqueda más precisa de las estructuras andinas y su articulación y reordenamiento después de cada coyuntura de mayor presión del régimen colonial y republicano, relacionando estas coyunturas urbanas y occidentales con los puntos cruciales de la vida andina, previos o consecuentes a los momentos de mayor presión occidental, de incremento o de crisis del poder estatal. Son numerosos los autores que se han ocupado de los Andes y su historia entre los siglos XVI y siguientes. Se ha estudiado tanto los orígenes como el funcionamiento burocrático del sistema colonial, así como la constitución progresiva del estado republicano. Pero la búsqueda de una perspectiva andina no consiste solamente en ver los efectos de ambos, desde el punto de vista del poder urbano, considerando la actitud de resistencia andina como un rechazo injustificable al progreso — entendido como occidentalización— deificado en el siglo pasado aunque ejercido como valor supremo desde la conquista. Si el «progreso» ha significado la sumisión a los regímenes urbanos y occidentales, es válida la pregunta en torno a la idealización de la resistencia andina —sustentada en su experiencia— y a la elaboración de su esperanza mesiánica. Un mejor entendimiento del Perú contemporáneo requiere también concebir la historia del Perú desde el punto de vista de los pobladores andinos a lo largo de esta historia; para ello es útil comenzar el análisis de los efectos de la imposición occidental en la destrucción de los patrones andinos de vida y en la constitución de sus esperanzas, ver qué es lo que sucedió y sucede en los procesos de formación y destrucción de su identidad y que es posible encuadrar en un nosotros colectivo. Es posible que este criterio bordee la utopía, pero esta puede fundamentar la esperanza. Esta idea y este proyecto presiden la elaboración del capítulo cuarto. Es cierto, sin embargo, que puede echarse una sombra de duda sobre la imagen que es posible lograr desde fuera de la vida tradicionalmente andina. Es difícil que el historiador o el antropólogo puedan evadir su formación o su experiencia occidentales. Esta es una situación inevitable y de conciencia, pues el producto de la investigación no puede llegar todavía a ser una expresión andina en propiedad. Pero la función de la historia no depende solamente de la identificación con el objeto histórico y, en cambio, reclama la validez de la comprensión; tal vez solo partiendo de esta será posible lograr que los hombres andinos hagan suyo su pasado en una forma que permita un diálogo respetuoso y creador. En el Perú, el historiador está obligado a ampliar ese diálogo, pero ello requiere de su 11

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