Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

importantes para la vida económica andina (Lavallée, Matos Mendieta, Morris, Thompson), pero todavía los esfuerzos siguen siendo muy aislados. Con relación concreta al área de Collaguas, son todavía válidas las afirmaciones de Neira (1961, p. 78) en el sentido de que los arqueólogos —al igual que los cronistas— desatendieron con frecuencia el área extremo sur; los actuales estudios permiten abrigar mejores esperanzas. Siempre en torno al poco detalle que tenemos sobre los centros administrativos ubicados al sur del Cusco, es necesario destacar que los actuales estudios de John Hyslop y Elías Mujica en las riberas del lago permiten pensar que los centros poblados lupacas estaban ubicados en la cumbre de los cerros, rodeados de muros defensivos, antes de la expansión cusqueña, mientras que las «cabeceras» (luego identificadas como reducciones) de las orillas del lago fueron producto de la actividad administrativa del Tahuantinsuyo en la región (o, en todo caso, su origen es muy cercano al momento de la expansión cusqueña hacia el lago). Es importante recalcar que Neira menciona una serie de construcciones similares en los cerros, también fortificadas y previas a la presencia del Cusco en las riberas del Colca. Las visitas y padrones de Collaguas no nos proporcionan una información mayor sobre tambos o sobre depósitos; sabemos por las Ordenanzas de Tambos mandadas a hacer por Cristóbal Vaca de Castro que, desde el tambo de Hatun Cana (a una jornada de Yanaoca, en el altiplano), hasta la Villa de Arequipa hay cinco o seis jornadas de despoblado, tierra muy fría y muy pobre de Leña y sin ningunos bastimentos y no es justo que los Indios atrabiesen con cargas el dicho despoblado. Mando que [d]el dicho Pueblo o Pueblos Canas se tome el camino por los Collaguas por el qual ay poblado una noche sí, otra no y es poco lo que se rodea...» (Vaca de Castro, 1909, p. 441). Neira menciona depósitos en Huacallúa (cerca de Chivay) y Uscallacta (entre Chivay y Yanque); también los hay en zonas más bajas, en la margen izquierda del río Siguas: alto de Betancur (entre Lluta y Siguas), así como en la Pampa de Timirán (Neira, 1961, pp. 90 y ss.; 95 y ss.). Debieron existir sin duda más depósitos y tambos; solo un detenido trabajo arqueológico podrá dar mayor información, aunque esto sería mucho más factible si pudiéramos contar con informaciones documentales sobre los lugares de concentración de colcas (depósitos), y una mejor identificación de los tambos a lo largo del camino estatal. 114

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