la visita de 1591 menciona que el padre Luis [Gerónimo] de Oré, cura de Coporaque, hizo y «exiuió... [una] memoria y numeración de los yndios que se han muerto en la enfermedad general de las viruelas y sarampión» (Pease, 1977, p. 343). Ello contrasta con la visita de Ulloa Mogollón, que afirma en cambio que «las enfermedades de que mueren son diferentes, sin que haya alguna común ni notable» (Ulloa Mogollón, 1965, p. 331), lo que podría atribuirse a la parquedad —la ligereza— de las respuestas que requerían trabajo censal en el corregidor. Las revisitas de los tres repartimientos de Collaguas, cuyo estudio iniciamos aquí, pudieron comenzarse aun antes del primer testimonio que conocemos ahora (1591). Al margen del interés de la administración colonial, que pocos años antes había hecho recoger información que consta en las Relaciones geográficas de Indias, una de las cuales es la citada de Ulloa Mogollón, debieron ser sensibles en la región los efectos tanto de la crisis demográfica patente desde la visita del virrey Toledo y ya mencionados para el caso de Acarí en el extremo norte de Arequipa, como también es visible que otros ámbitos entraron en un pronunciado declive, la producción por ejemplo. En una zona relativamente cercana, la de los rucanas antamarcas, el visitador contemporáneo a Ulloa Mogollón dejó testimonio de que en la dicha visita de los indios —se refiere a la hecha por orden de Toledo— se redujeron en pueblos «en las partes que pareció más cómodas a los visitadores y parece que serán permanentes, por haber en ellos lo necesario para el sustento de los indios, puesto que algunos que fueron reducidos de dos leguas y de una legua, siempre se quejan diciendo que en sus pueblos viejos tienen sus sementeras, que ellos dicen chácaras, y que les da mucho trabajo illas a beneficiar» (Monzón, 1965, pp. 238239), incluyéndose este problema dentro de la desestructuración generalizada en los Andes del siglo XVI. En términos generales, podemos decir que las visitas fueron producto del interés de la corona española en obtener información concreta, periódicamente incluso, sobre el funcionamiento de sus organismos de gobierno (Céspedes, 1946), y de la necesidad de la administración de obtener también información sobre el número de habitantes y los recursos que manejaban. De esta manera, era posible a la administración fijar los tributos, la contribución a las diversas clases de mita establecidas a partir de Toledo en forma definitiva, la reducción a centros urbanos que facilitaran tanto la administración y recaudación tributaria como la evangelización. Fueron motivadas también por los problemas surgidos 105
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