Richard Cacchione Amendola / César Corcuera García (editores) XXXVI Decía que soy hijo de don Óscar E. Corcuera y de doña Teodosia Díaz Alfaro. Me casé con la dama trujillana Celia Magdalena García Granados, con la que he tenido cuatro hijos varones: Marco Antonio Martín, abogado, quien tiene una hijita, Celia Marietta, de dos años de edad; el segundo es César Abraham que actualmente se encuentra en Roma, Italia, realizando un doctorado en filosofía; su propósito es ordenarse de sacerdote en mayo de este año; el que le sigue es Justo Paúl Iván, Magister en Administración de Empresas, grado obtenido en Buenos Aires, Argentina, ahora es catedrático en la Universidad de Piura; y Julio Guillermo Rafael, estudiante ya en el último ciclo de Ingeniería Industrial de la Universidad Nacional de Trujillo. Pero de ello y lo demás relacionado con mis hijos, entre ellos Judith del Carmen Corcuera Hare, y demás familia, hablaré en extenso después. Dejo Trujillo. Después de los días internado en el Hospital Obrero de Trujillo, procedimiento necesario para mi traslado a Lima al Hospital del Empleado, que también es del Seguro, me han detectado un bloqueo en una aurícula del corazón que retarda el ritmo normal del órgano, y al demorar la irrigación del cerebro produce los mareos que estaba sufriendo desde hace 10 días. Algunos alarmantes, para un hombre activo como soy yo. La demora en el itinerario del avión de Faucett, desde las cuatro de la tarde a las once de la noche, motivó que quien me esperaba en Lima, en el citado hospital, ya no estuviera y, en consecuencia, tuviera que pasar por emergencia para que aceptaran que me quede en dicho nosocomio. Estuve el resto de la noche en un mar de Marco Antonio Corcuera visitando la tumba de César Vallejo.
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