Cuadernos trimestrales de poesía Tomo II

Cuadernos Trimestrales de Poesía - Cuadernos Semestrales de Cuento XXXI en la sierra y la costa norteña. Contumazá quedó aislada durante muchos días y meses, mientras se arreglaban los caminos, que en ese tiempo eran de herradura. En Siembra de caminos cuento lo sucedido en la noche agónica cuando se derrumbaban las casas, y los chicos, como pollitos, nos manteníamos en las faldas de los mayores esperando la hora definitiva, donde todo debería desaparecer. La abuela, con un coro de gentes en la sala de la casa, rezaba desesperadamente: Aplaca Señor tu ira, tu justicia y tu rigor, por tu purísima madre, misericordia, Señor. Digo también que, al Cristo, una imagen antigua, de peaña, y traída de España, le latía aceleradamente el corazón. Tenía una abertura hecha por el lanzazo de Longinos. Todos de rodillas, sudorosos y con lágrimas en los ojos, nos agarrábamos fuertemente de las manos para que ni la muerte nos separe. Al fin, después de una eternidad, amaneció, esta vez con un sol claro, entrecortado por las nubes. Los muchachos fuimos corriendo a ver cuáles habían sido los estragos de la noche y comprobamos que la casa del Toroponcho la había bajado el barranco enterita hasta la Plaza de Armas y vimos cómo sacaban a las personas por los techos y los balcones. ¡Milagros del Taitito!, dijimos y nos volvimos a la casa a contar lo sucedido. En otra oportunidad, época en la que el recuerdo ya no me acompaña, estábamos los muchachos jugando a la guerrita, en la huerta de don Manuel Alva, utilizando los pepinos de la papa que por duros y verdes nos hacían doler, cuando alguien llegó con la noticia de que, en la cárcel, que se encontraba en los bajos del Cabildo Viejo, estaba muriendo una mujer con su criatura. Dejamos la refriega y volamos, juntando como pudimos nuestros maletines porque ya se acercaba la hora de ingresar a la Escuela. Efectivamente, doña Trifonia (que así se llamaba la presa) se había quedado presionada por los barrotes de la prisión al pretender pasar a través de ellos, lanzada ya su criatura, que lloraba desesperadamente. Como es de suponer, la gente la rodeó tratando de ayudarla, pero nada. Tuvieron que

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