Richard Cacchione Amendola / César Corcuera García (editores) XXVI y Marco Antonio Corcuera, entre los poetas; Andrés Zevallos, Óscar Corcuera, Marco Carranza, entre los pintores. Pero la lista es larga y la memoria corta. Volvamos, después de este largo paréntesis, que se debe al hecho de dejar algunas páginas en blanco, a la referencia que estaba haciendo de mi padre el doctor Óscar E. Corcuera. Decía que resolvía conflictos ajenos que no siempre eran reconocidos. Tenía el 98 % de sentencias confirmadas, eso lo dice todo. Fue el Juez número uno en el Perú. El pago: una simple medalla de reconoMarco Antonio Corcuera en su biblioteca personal (Foto: Víctor Phumphiú). cimiento y alguna parte de la banda del ejército tocando una marcha en su entierro. Al morir, dejó los siguientes hijos: Marco Antonio Corcuera Díaz, Maruja, Oscar, Teresa, Zoila, Carlos, Nelly, Arturo, Anita y Consuelo Corcuera Osores, cuya madre fue la señora chotana Ana María Osores Amoretti. Mi madre fue la matrona contumacina doña Teodosia Díaz Alfaro, quien después se casó con el caballero (así, con letras góticas) Justo Abraham Alva Lescano, hermano de todos los Alvas negros de Contumazá. Don Abraham fue un hombre que se dedicó al trabajo y a la bonhomía. No recuerdo haber conocido un hombre más íntegro, con una pureza deslumbrante, que podía eclipsar al mismo Sol: trabajador, honrado, servicial (el sacó el cadáver de un señor Uriol de una laguna, empleando un ingenioso artefacto con rastrillos que peinaban las entrañas del agua y el fango). Murió sin decir un ay, y casi sonriendo, de un cáncer a la próstata
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