Cuadernos trimestrales de poesía Tomo II

Richard Cacchione Amendola / César Corcuera García (editores) XVIII Mi padre era un hombre bajo, de bigotitos a lo Chaplin, pero su parecido era más bien con el poeta de Simbólicas y La canción de las figuras, que estaba en esa época tan en boga y a quien yo llegué a conocer en la vieja Imprenta de Ballivián, en la calle Guadalupe, allá por los años de 1939 o 1940. José María Eguren, sin lugar a dudas, fue uno de los tres grandes poetas peruanos, junto a Vallejo y a Chocano (aunque este último no sea de la devoción de muchos). Mi padre era un hombre muy inteligente, abogado de profesión, actividad que no ejerció con señorío por lo de su vida como juez, fiscal, vocal, viviendo en la modestia en Huaraz, cuando ejercía una Vocalía Superior. Fue pintor, y bueno; fue poeta, mejor aún; y periodista (Fundó La Patria, publicación que fue la primera de su tipo en provincias por las plumas que escribían en ella). Lástima que quemara sus pocos años en la magistratura, resolviendo conflictos ajenos, y no siempre reconocidos. Hagamos un paréntesis mientras tanto, para hablar del ambiente general en que yo me movía, de mi hábitat, como se dice ahora; sintetizando en una sola frase, de todo lo relacionado con el medio ambiente donde crecen y desarrollan los animales y las plantas. Marco Antonio Corcuera en su época de alumno en la Universidad Mayor de San Marcos. Carnet universitario de Marco Antonio Corcuera en 1941.

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