Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Sara Beatriz Guardia 195 durante el viaje de destierro a España. El Visitador Jose Antonio de Areche lo condenó a recibir doscientos azotes en las calles del Cusco y lo sentenció a seis años de prisión. Pero el coronel Gabriel Avilés y del Fierro, Virrey del Perú en 1801, lo dejó en libertad. Sobrevivió sin ningún recurso pues todos sus bienes habían sido embargados y saqueados. Posteriormente, lo detuvieron y lo condenaron a diez años de destierro. Partió en el navío “El Peruano”, el 13 abril de 1784, con Mariano Túpac Amaru y 60 personas más. La mayoría murió de escorbuto antes de llegar a Río de Janeiro donde permanecieron cuatro meses. En Cá diz, estuvo preso tres años y tres meses en el Castillo de San Sebastiá n. “No recuerdo – escribe - un solo rasgo humano de los españoles que se sucedieron a custodiarme”77. Posteriormente fue conducido a la isla de León, Santi Petri, y a Ceuta, donde llegó el 1 de junio de 1788. Entonces entabló amistad con el agustino Marcos Durán Martel, la única persona que lo apoyó en su esperanza de regresar al Perú . En 1820, en pleno proceso de independencia del Perú , las Cortes decretaron que los americanos presos por opiniones políticas fuesen puestos en libertad y conducidos a sus respectivos países. Tras permanecer 32 años en Ceuta, Juan Bautista Tupac Amaru solicitó la libertad, que le fue negada por el auditor Antonio García, con el pretexto que estaba bajo la jurisdicción del Consejo de Indias. Entonces viajó con Marcos Durá n Martel a Algeciras para tramitar su libertad, que finalmente logró y el 13 de julio de 1822 se embarcaron con destino a América del Sud. Llegó el 12 de octubre de 1822 a Buenos Aires, donde fue recibido con afecto y amistad por los patriotas que habían luchado por la independencia. El gobierno le otorgó una pensión de 30 pesos mensuales y le solicitó que escribiera sus memorias mediante decreto firmado por Bernardino Rivadavia, que en 1826 accedería a la presidencia de Argentina. Al inicio de su testimonio, “Dilatado cautiverio, bajo el gobierno español, de Juan Bautista Tupamaru, 5° nieto del ú ltimo emperador del Perú ”, escribe: “A los 80 años de edad, y después de 40 de prisión por la causa de la independencia, me hallo trasportado de los abismos de la servidumbre a la atmósfera de la libertad, y por un nuevo aliento que me inspira, animado a mostrarme a esta generación, como una víctima del despotismo que ha sobrevivido a sus golpes, para asombro de la humanidad, y para poderle revelar el secreto de mi existencia como un exquisito y feroz artificio que se transmitían los tiranos para tener el placer de amargarla. Tres reyes españoles se han complacido igualmente en verme arrastrar una existencia degradada y humilde; ya se había perdido la tradición del motivo de mis cadenas, y hasta las instituciones casi todas se hallaban alteradas por la acción del tiempo y la distinta sucesión de monarcas, y solo yo era conservado sin libertad para su recreo”78. 77 Ibídem, p. 889. 78 Un ejemplar está en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. En 1941 el libro fue publicado con el título de Cuarenta Años de Cautiverio por Francisco A. Loayza. Y, en 1971, en La Rebelión, CDIP, Volumen 3°.

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