Sara Beatriz Guardia 13 secreta labor de investigación y meditación, con disciplina, con sentido creativo, con abierto compromiso en la defensa de su propio género. Los esotéricos aseguran hoy que la era del Acuario dominante en el siglo XXI será un siglo femenino. La propia historia universal parecería confirmar estas anticipaciones. La mujer y lo femenino fueron los personajes principales del neolítico que estuvieron asociados mucho más que el hombre a la domesticación de las plantas y los animales que exigen acciones de amor (opuestas a la cacería) y para las cuales las mujeres tenían, por razón de maternidad, un entrenamiento y disposición psicobiológico. La revolución neolítica como revolución femenina fue usurpada por el hombre y lo masculino cuando tuvieron que ser privilegiados los sistemas militares defensivos y cuando los centauros (jinetes) de Eufrasia impusieron un desbalance tácticoestratégico contra las ciudades campesinas. Hoy nos encontramos ante una coyuntura comparable. La tercera revolución industrial, ya en sus comienzos, es una revolución suave, de software; que para su propio cumplimiento tecnológico excluye todo el complejo harware que ha caracterizado a las dos primeras revoluciones industriales desde el siglo XVIII hasta la segunda mitad del siglo XX. Necesariamente esta revolución suave (no débil) exigiría nuevas formaciones políticas. Los ejemplos precursores de mujeres gobernantes (Israel, India, Pakistán, Inglaterra) es muy probable que se multipliquen en el futuro. Entre otras razones porque los hombres registran una fatiga de poder que no viene a ser sino la internalización subjetiva de su fracaso objetivo al crear un mundo de masculinidad excluyente en lo económico, tecnológico, social y político. Esto no quiere decir que el hombre cede o regala su puesto a la mujer; no es una emancipación - que el dueño concede al esclavo o al menor de edad -; es una independencia que la mujer conquista porque sus postulaciones coinciden con las necesidades objetivas de la coyuntura histórica. En esta perspectiva poco importa que haya desviaciones y exageraciones desde el lado femenino. En cualquier caso es conveniencia de todos hacia el futuro de favorecer esa transacción. En 1978-80 propuse a diferentes candidatos peruanos a las jornadas electorales de ese período, que promulgaran una ley por la cual en todas las listas electorales (municipales, parlamentarias) y en los principales puestos de gobierno hubiese una cuota obligatoria de 50% de representación femenina no sólo en las postulaciones sino en las nominaciones finales y definitivas. No falta ante esa perspectiva quienes, medio en broma, medio en serio aseguran que el acceso de las mujeres al poder significará un trasvase -desde la población masculina hacia la femenina- de todas las afecciones tensionales (coronarias, úlceras). Posiblemente sea todo lo contrario. Lo que ocurre es que nuestras sociedades han sido constituidas en sí mismas por nosotros los hombres como sociedades tensionales y ulcerógenas; lo que esperamos de las mujeres es la elaboración de una nuevo sistema de relaciones humanas con características
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