Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

Cartas a mi hijo rech:lzar, - de desprecio para su propio individuo! .. Pero si no te sientes con la entereza necesaria para negarte de frente a aquellas francas o emboza– das tentaciones, has como la pr~dehte princesa de los cuentos ái·abes, al subir a la encantada montafía que guardaba los objetos maravillosos que quería ·ol;>– tener~ en cuya atrevida empresa habían sucumbido cuantos hombres valerosos la precedieron: tápate los oídos para no.escuchar las instigaciones malévolas, ni las mefistofélicas burlas, y sigue, impertérrito, por w. senrla que tu deber y tu verdadera conveniencia te sefíalan a la par. · · Por regla general, debe aceptarse la de que son más fe1ices las uniones en qu.e el marido es superior intelectual mente a la mujer. Pero esta preeminen– cia sólo deberá servir para que aquel que ya tiene también de su parte las ventajas de la fuerza física y moral, emplee de preferencia, todas ·es~:3 cualida– des, en dominar sus malos instintos y de nin_guna manera, en hacer un vano alarde de superioridad que nor ese solo hecho, consideraría yo comó negativa. - "Cbmpafíera te doy, y no sierva", dice el sacer– dote al hombre, repitiéndole las palabras del Apóstol San Pablo, en el acto solemne de la bendición nup– cial, y por esta sola frase queda est,ablecida la igual– dad que debei:á4reinar en el hogar cristiano, entre el uno y el otro conyuge. Pei:o noto que, inconscientemente, he hecho ade– lantar con mucha prisa el tiempo y quiero volver atrás para someter a tu consideración las reflexiones qu me 09nrren sobre asuntos de vital importacia en tu existencia. •

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