Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

• 1 • ' L. ·L arriva de Llona diados derrochando su dinero, tal vez escaso, en bit– ters y coktails, que quizás repugnan a su paladar, ha– blando futilezas, u olvidando los deberes que su pro– pia dignidad y delicadeza imponen a un caballero, · para hac~r tema de sus conversaciones a las muje- ..res más despreciables, o poner en tela de juicio la re– putación dé las más honradas; y agotan el bolsillo, y _ arruinan la salud ·y pierden su alma, tan sólo por rendir cül to a ese falso Dios que ellos llaman pun– to de honor, que más propiamente debería llamarse punto de deshonor, y que no es más que el orgullo, maléfico y sempiterno enemigo del hombre.. ¡Y es tan fácil, sin embargo, si bien se mira, sustraerse a esas fatales influencias, y romper de una vez con el injustificado ascendiente de los que se ti– tulan amigos, y que no son, casi siempre, sino los compafieros ·acomodaticios en todas las _di versiones; los aduladores,. disfrazados con la máscara del cari- -~fío, los satélites del astro dinero; los seguramente envidiosos, los probablemente traidores! .... Sí, mi querido Carlos, es más fácil de lo que se cree, librarse de la-s r des que tiende el vicio, o des– trozarl?,s, si por desdicha se llega a poner el pie en– tre sus bien tramados hilos. Si contestas una vez,– una sola, - con calor y firmmm a las pérfidas insi– nuaciones de los que pretenden alejarte de tri hog~r, manifestándoles con claridad j llaneza que prefieres las· dulces alegrías domésticas a los placeres falsos, ?11 los goces ele mal~ ley que éllos te brindan, cte se– guro que no volverán a invitarte a s us impuras di– versiones. y ten por indudable - esto retempla.rá tu ánimo para esa lucha, - que, aunque con sus ·pala- · bras y ·acciones demuestren desdén por tu conducta, allá en el fondo de &us conciencias, y hasta en los in– dividuos más degradados, hará germinar tu maqera de proceder, un sentimiento de estimación hacia tu persona, del que jamás podrán desprenderse y que es el tributo que aun inconscientemente, rinde el vi– cio a 19, virtud. Y junto con ese sentimiento de res– peto, casi podría decir de veneración, se alzará en lo íntimo de su sér, otro, -:que en vano se esforzarán por -92- •

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