Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
L. \Larriva de Llona que le es infinitamente inferior, y que ha sido crea– do para la satisfacciót: de sus pasiones y caprichos, . . esa convicción ha llegado a (ormarle una segunda naturaleza, el hecho es que la generalidad de los que pertenecen al sexo feo, se resiste aún hoy a mirar a la compañera que le da el cielo como a una crfatura que en todo y por todo está a su mismo ni- . vel, como a ]a mitad dignísima y complementaria suya; y a despecho de las excelsas em:eñanzas del divinu Jesús, del Dios hecho hombre pot inefable misterio en las entrañas de una mujer; de esa doc, trína de amor, de paz y de confraternidad, que fué luz que desde la cumbre del Gólgota esparció sus ra– yos por todo el orbe, iluminando los entendimientos e infundiendo calor en los corazones, quedan toda– vía, en las sociedades cristianas •Y civilizadas, algu– nos resabios del paganismo. De aquí- que muchos hombres, buenos tal vez, en el fondo y amantes de sus esposas; a su manera, lleven, sin embargo, una vida de disipación y de des– orden, que si_es di'gna de vituperio - en un joven sol- ' tero, es imperdonable en aquel que ha jurado al pie de los altares, ser esposo fiel y compañero constante y afectuoso de la mujer que en su ternura cifra toda su feHcidad y alegría en la tierra. Verdad es que, ni las leyes divinas ni las huma– nas juzgan con la misma severidad la falta de fideli– _dad conyugal en el esposo q_ue en la esposa, fundán– dose esta deficiencia, que a primera vista parece in– justa, en que las consecuencias de faltar a -la fe jura– da, entre los cónyuges, son infinitamente más funes- . tas para la familia y para la sociedad cuarnlo es la esposa rea de tal delito, que cuando lo es -el esposo; pero aun siendo yo la primera en reconocer este he– cho, y ·en sentar tal afirmación como base del ma– trimonio, no puedo menos de protestar con ~odas mis fuerzas,- y a nombre de todo mi sexo, contra aquell~s ·depravadas costumbres, de que para mayor escarnio es corriente alardear entre maridos, a la vez des– considerados y locos, que a cambio ·de torpes y efí– meros placeres, sacrifican, y muchas veces tan sólo I - 90-
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