Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

Cartas a mi hijo universal ha -sancionado, al hacer tu elección de es– posa, pues probablemente te arrepentirías de no ha– berla ·espetado. He dicho ya qu_e. no niego el fenómeno psicológi– co de la simpatía; es decir, la impresión grata ·que en nosqtros produce, a veces desde el primer instan– te, la vista de una persona que, sin embargo puede ser, plásticamente hablando, mucho menos bella que tantas otras a quienes miramos de continuo sin sen– tir emoción alguna. Nó, no riiego es6} impulso inex– plicable que nos mueve a interesarnos vivamente. por una persona a quien parece que deberíamos mi– rar sólo con · jndiferencia; pero para que esa inclina– ción espontánea e incipiente s~ convierta en amor verdadero y prófun(lo, menester es queeea. aprobado por la razón, que es el don más precioso concedido al hombre, la consejera mejQr, el juez_ incorruptible a cuyo fallo debemos·someter todas nuestras prime– r-as impresiones y el tribunal severo cuya sentencia debemos acatar, cueste lo que c.9stare a nuestro débil corazón~ ..... .No es, t_ampoco en verdad, desatendible la be– Ueza física, cuando de elegir esposa se trata; pero es innegable que debe prestarse atención preferente a la belleza del alma, puesto que las g racia s del cuerpo, perecederas como todo él, pasan c.on los primeros años de Ht juv.entud o se marchitan con los cuidados y dolencias que a la maternidad son inherentes. Además, nadie ignora que la vista se acostum– bra fácil mente a cierta incorrección de las facciones o a las formas anti,esculturales "de un busto; pero los vicios del alma, ante los cuales se han cerrado vo– luntariamente los ojos ántes de casarse, irán ponién– dose más de relieve conforme se va avanzando en la vida conyugal, hasta llegar al punto funesto <ie que reemplace el odio más implacable al amor que antes existía en el ·corazón de los esposos. · Verdades son estas que, .,por repetidas podrían , excusarse, si no viviéramos desgraciadamente en una época en que reina libertad absoluta de propa– ganc;la, y en la que se pretende etevar por alguno::; - 85

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