Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

' ) CAR'FA DECIMACUARTA - Materia para largos capítulos ofrece el punto que trato actualmente; así es que no extrañarás con– tinúe ocupándome de él en la presente carta. · La opinión del vulgo y aun de gran número de personas que merecen el nombre de ilüstradas, es que hay una diferencia inconmensurable entre el hombre y1a mujer, en cuanto a la parte de felicidad que a cada uno ha sido asignada ep este mundo: di– ferencia que está a favor de la mitad más fuerte del género humano. Mucho hay de vefdad en tal creen- ~ cía, si consideramos la suerte de ambas mitades de la especie, de una ma:nera. absoluta; pero muy poco si la analizamos en sus detalles. Cuestión es esta qu_e nos llevaría muy lejos, al intentar diluciq.arla claramente y que por fuerza nos haría entrar de llerio en los dominios de la filosofía abstracta, ajena al propósito de estas cartas, que de– ben concretarse al e$tudio de la vida práctica, y que ·si invaden tal cual vez la, esfera de la ideología, sólo es en cuanto , a lo que aquella se refiere. Dejemos por tanto, para ocasión más oportuna el probar que sí ha habido justicia distributiva en el reparto d~ bienes y de males que hizo Dios entre nuestros pri– meros padres, al arrojarlos en castigo de su def3obe– diencia del Baraíso terrenal; y pasemos adelante, no sin hacer notar ahora, que por la sabia ley de las - 83 - /.

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