Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
L. Larriva de Llona rado no ·reuna siquiera las principales de esas condi– ciones, sin tomar para nada en cuenta, desde luégo, la'Ventaja, -efímera, por otra parte, más que todas las demás, - de los bienes. de fortuna. _ Queda aún la cuestión, que naturalmente se nos presenta a la imaginación al-llegar a este punto, de si deberás renunciar al amor de una mujer que por sus cualidades satisfaga todas tus aspiraciones, tan sólo porque posee los caudales de que tú careces. Nó, ciertamente, pues si tu altiva dignidad de caba– llero te veda pretender a una dama por su dinero, sí puedes /amarla y solicitar su cariño, sin faltar a ley social ni mora'l alguna, ni aun a la más escrupu– losa delicadeza, a pesar de su dinero. Sin embargo, preciso es no echar en ol v-ido, si llega ese caso, que una mujer rica necesita poseer dotes de corazón, de inteligencia y de carácter verdaderamente excepcio– nales, para que. pmeda hac~r la·felicidad de un mari– do pobre, q ne tenga la clara percepción de sus debe- res v o.e sus derechos. · ~ Por el fin para qne han sido creados, por su pro– pia naturaleza física y moral, y hasta por considera– ciones simplemente sociales, corresponde siempre papel activo al hombre y pasivo a la mujer, en to– ctas sus mutuas relaciones. El debe, pues, cifrar su orgullo~ ser el protector exclusivo de su débil com– pañera, como ésta ha de hallar la más grata satis– facción en deberlo todo a aquel a quien ha hecho dueño absoluto de su albedrío. Además, en la sociedad cCU1yugal, el hombre eflii ·1a cabeza; él debe tener todas las primacías; y aun– que la superioridad del dinero es una ínfima supe– rioridad, ella puede ser suficiente para alterar en una ocasión dada, la autoridad masculina que debe prevalecer en el hogar doméstico y que es la más • segura vrenda de paz y de concordia. Concluyo, pues, esta carta, sentando la proposi– ción, de que, por buena que sea una mujer rica, siempre tendrá, para esposa de un hombro que no lo sea,el grave defecto de su fortuna. Recapacita mucho, por lo tanto, antes de decidirte a hacerla compañera de tu vida. /
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