Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
... CARTA OCTAVA -Hay una cari·era que ha merecido en todos los tiempos y en todos los países ser calificada de noble por excelencia: la cartera de las armas. En nuestras jóvenes naciones, y debido a espe– ciales desgraciadas circunstancias, cayó en bastante desprestigio, después de las homéricas jornaJas de la guerra de la independencia. A aquellos titanes de las legendarias proezas, para conquistar la liber– tad, siguieron los pigmeos de las mezquinas 1u chas internas, en las que se peleaba por intereses perso– nales, por bastardas ambiciones, por una ansia in– justificada de mando, que habría sido ridícula, a no haber dado, en la mayor 1 parte de las veces, san·grien– tos resultados .... Se han necesitado tremendas catástrofes nacio– nales para que la patria se redimiera .... Esperemos que la carrera militar resurja al fin en todo su noble esplendor. El hombre que al ejei·cicio de las armas se cfedi– ca, ha de estar dotado de muy bellas y grandes cua– lidades para poder cumplir; como lo pide el honor, los deberes que tan difícil profesion impone, y que, sin contar otros múltiples sacrificios, exige frecuen– temente el de la vida. Por esto mismo, sin duda, por esta abnegación que le es congéni_ta, ofrece ella tal atracción en los 49 - 7
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