Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
Cartas a mi hijo de edad, manifiestan una gran afición a los trabajos de carpintería, ebanistería, relojería o algún otro; afición que frecuentemente se traduce en travesuras más o menos graves, que hacen el martirio de sus mamás. Muchos dolores de cabeza se ahorrarían és– tas, si, con un poco de paciencia, encarrilaran de una manera consciente esos instintos y propensiones de que tanto provecho, y a muy p0co costo, puede deri– varse para el níño. Es una verdad indiscutible, que no todos nacen dotados de las facultades intelectuales y la perseve– rancia necesaria para dedicarse al estudio de las ciencias morales y naturales, ni, por otra parte, cuen– tan todos los padres, con los medios precisos para poder dedicar a sus hijo~ al estudio de profesiones que exijan largos años de aprendizaje, antes de que puedan utilizarse los conocimientos adquiridos a cos– ta de muchos sacrificios; y a no pocos jóvenes desa– lienta, también, la idea de que tras ese tiempo de una dedicación absoluta de las facultades, suele en– contrarse sólo la pobreza o una modestísima media– nía-- como recompensa de tantos esfuerzos y fatigas. Pero, auri reconociendo yo todos estos inconve– nientes que me apresuro a presentar a tu considera– ción, he de confesarte que mis aspiraciones. materna– les no quedarán satisfechas, si no emprendes seria– mente el estudio de una carrera científica, aunque no la hubieses de ejercer, y sólo fuera ella una base de tu existencia futura. En tal supuesto, pasemos a examinar a la lige– ra, como lo permite únicamente la índole de estos escritos, las di versas profesiones entre las cuales · podrás elegir, la que mejor se avenga con tus gustos.
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