Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
• CONCLUSION Con el anterior artículo, parece que debería ter– minar la tarea que me impuse de encaminaros por la senda del bien y apartaros de la del malt pero se me ocurre que sería 'dejar incompletos estos con– sejos si no avanzara más en ellos, para hablaros de algo tan importante y trascendental en vuestra vida, que el no abordar tal punto sería una omisión imper– donable. Todas vosot1:as, hijas mías, habréis de casaros, probablemente, en un término más o menos largo; pues es este, casi de un modo exclusivo, el desti– no de la mujer entre nosotros, donde aún no es ella apta para conquistar por sí misma una posición lu– crativa y honorable. Y aun suponiendo que por poseer vosotras, ex– cepcionales aptitudes físicas, morales e intelectua– les y haber cultivado esas aptitudes, como se culti– van en países más adelan tactos que el nuestro, pu1- diérais bastaros para proveer a todas vu_estras nece- sidades sin ageno auxilio, no sería yo de opinión de 1 que voluntariamente os quedárais solteras, pues ello implicaría una especie de egoísmo, antipático como todos los egoísmos. No puso Dios al sér humano en el Universo pa– ra que ,viviera solo. Nó; creó por eso, una pareja. Así, tanto el hombre como la mujer que se quedan solteros,son seres incompletos, mitades de sí mismos, si se me permite la frase, y no cumplen, por consi– _guiente, el fin para que han sido creados: la ley de amor que les impuso Dios, al echarlos al mundo. -255- /
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