Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

L. Larriva de Llona ticas es la bondad; la bondad con la que no sólo hacen felice~ a los seres que las rodean, sino con la que se hacen dichosas a sí propias. Alguien ha dicho que la paciencia es la fnerza del débil, y la impacien– cia es la debilidad del fuerte. "P-ara ser feliz, ser buena", afirma un poeta. Y, efectivamente, es ésta una felicidad que nadie puede h.rrebatar a quien la posee, porqu~ emana del íntimo manantial de la conciencia. Dice un refrán vulgar, que al que se hace de miel se lo comen las mosca$ y yo 'digo que es prefe– rible endulzar la voracidad de las moscas humanas, a destilar constantemente de nuestro sér, acíbar y hiel que probarán cuantos se nos acerquen. Todas las buenas cualidades de una mujer, quedan obscurecidas con el defecto de la ira. Si su marido, por desgracia, - esta atacado del mismo mal ¡qué peloteras las que habrán de armarse a ,liario en el nunca tranquilo hogar! Si, por el contrario, él tiene la paciencia que a ella le falta, se contentar~, el desgraciado cónyuge con tomar su sombrero y abandonar la casa como el filósofo Sócrates, hasta que haya pasado el chubasco; y poco a poco irá acos– tumbrándose así, a vivir fuera de ella y hasta a bus– car en otra las dulzuras que allí le hacen falta. Los hijos, ¿qué pensarán de aquella que los lle– vó en su seno, si a cada ·momento, y por qnítame allá esas"pajas, la ven enfurecerse y perder el tino y llegar a los últimos extremos de la rabia, dejando hasta la apariencia de sér humano para convertirse en fiera? ¡Qué triste memoria habrá de quedarles cuando más tarde evoquen la imagen de la que les dió la vida y no se les presente como Ja suave y dulce protectora de su niñez, con melodiosas palabras de ternura y cariñosos besos en los labios, inclinada sobre su cuna como el ángel guardfán que el cielo les deparó; sino que la vean como airada megera, torvo el gesto, y escuchen ·su destemplada voz y miren sus puños cerrados que se alzan como para maldecir!.... · Y ¿qué deciros, hijas mías, de la niña, de la -240-

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