Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
XVII LA PACIENCIA Más de una vez, hijas mías, al trazar en anterio– res artículos el cuadro de ciertos vicios femeninos, se me había ocurrido dedicar uno de estos pequeños estudios a la ira, pero siempre desistí de ello por parecerme tal vicio, más bien masculino que feme– nino. Pero hoy, tornándoseme la oración por pasiva, han pugnado los puntos de mi pluma por estampar uno de los siguientes títulos: la Paciencia, la Dul– zura, la Mansedumbre, quedando por fin escrito el primero. Obligada quedo, pues, a abordar el tema tratán– dole como virtud, ya que no lo hice como vicio. "Contra ira, paciencia", nos dice la doctrina cristiana; pero pocas, muy pocas personas de las que se ven afligidas por aquella mala pasión, pueden dominarla como lo manda la ley de Dios. ¡Y qué fea es la ira·, y cómo desfigura el semblante de aquellos en quienes hace presa! Los ojos inyectados, la mi– rada oblícua, los labios lívidos y temblorosos; tal es la imágen de la cólera que se nos aparece como una de las furias del averno. Y en cambio, qué bellas son la dulzura, la mansedumbre, encarnadas en una mujer. Muy pocas iracundas habría si se convencie– ran las mujeres de que el cetro con que dominan, de que el arma con que vencen en las batallas domés- . -239-
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