Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

L. Larriva de Llona prbier deber de la esposa: ha jurado al pié de los altares guardar su fé inviolable al compafíero que li-. bremente eligió, y debe guardarla no sólo por respeto a esos juramentos, sino también, y muy principal- -mente, :por respeto a sí misma, por estima de su propia persona. ¡Si . comprendieran bien to~das las mujeres que el mismo hombre que pone asedio a su virtud será el primero en despreciarla inmediata– mente después de su caída, 8erían muy pocas las que sucumbieran a la tentación! Infelices esposas hay que se creen autoriza– das a faltar a sus deberes conyugales cuando tie– nen un marido infiel. ¡Qué abei"ración! ¡Qué sofisma tan lamentable! Por decreto divino, al que no puede sustraerse; por todas las leyes naturales y civiles, es horrible delito en la mujer lo que sólo es falta leve en el hombre. Es que aunque tal vez sea moral– mente tan vituperable esa transgresión d~l precepto de fidelidad en el uno como en· el otro cónyuge, las consecuencias son incomparables en ambos casos. La mujer q ue cuenta, ·por lo general, muchas dichas grandes y peq uefí.as menos que el hombre, es poseedora de una felicidad tan inmensa, que baRta por sí sol-a a compensar todas las que le faltan: la felicidad de no poder dudar jamás de que el hijo que es el orgullo de su hogar y la alegría de ·su corazón, haya salido de sus entrafias. Nunca podrá, por en– gafío de su marido, penetrar un extrafio en su fami– lia, sentarse a la mesa con sus propios hijos, llamán– dolos hermanos, participar con ellos, del nombre y de la fortuna que no le corresponden; y lo que es más horrible aún, profanar el santo-y dulce titulo de ma– dre, llamando así a la que no le ha dado el sér. Nó, esta desgracia, con que por culpa de sus m.u– jeres se ven abrumados algunos hombres, y que como atroz complemento trae consigo el escaFnio de la sociedad, no puede caer sobre ella. La infidelidad de su marido hará sufrir su · corazón y su amor propio; pero no atraerá ~obre ella el ridículo, ni sobre sus hijos el deshonor y la vergüenza. Más aún: en vez de la ignominiosa corona que con ,escarnio coloca --236-

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