Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
XI LOS CELOS Pasa ahora ante mi cerebro, pidiéndome que · trace sus perfiles, el vicio de los celos. Accedo a ello; pero, ante todo, ¿constituye verdaderamente un vieio, la pasión de lo$ celos? ¿Es realmente un de– fecto? Sí y nó. Sí, cuando ellos no tienen más fundamento que el carácter desconfiado de la per– sona que por ella se deja dominar. Nó, cuando exis– ten causas justificativas de los celos, pues el no sentirlos en tal caso, implicaría falta de dignidad o tontería. Y me pregunto también, ¿deberé hablaros, hijas de mi alma, de tal ().efecto, no afligiendo él exclusiva– mente a las mcjeres, sino atacando con mayor fre– cuencia a los hombres? Sí, trataré de precaveros con mis consejos, de una pasión que hace sufrir inten– samente al corazón en que llega a <_lominar. Digpo es de anotarse que, en el hombre se ge– nera por el orgullo, por la soberl'.>ia que a su sexo le , es inherente; mientras que en la mujer, por el con– trario, toma su origen, casi siempre, de la modes– hia, de la desconfianza de sí propia. En el· primer caso, es un vicio, engendrado por otro vicio; en el · segundo, es un vicio que nace de una buena cuali– dad. En el hombre suelen ser los cel0s una manera de -205-
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