Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

L. Larriva de Llona jóvenes es la docilidad; y In de los hijos es, princi– palmente la obediencia ciega a sus padres, que representan en la tierra a la Autoridad Divina; y que, como escribías al hacer tus primeras planas, el tenior de Dios es el principio de la Sabiduría. Y piensa también, hijo de mi vida, que, así como ahora no cesa mi autoridad con la ausencia temporal; tampoco debe de cesar con la muerte, que, según nuestras consoladoras creencias religio– sas, no es tampoco una ausencia eterna, sino tan sólo una separación más larga que las otras. Así, la unión espiritual nuestra, no cesará cuando nos separe la fría losa del sepulcro; corno no perecerá, tenlo por seguro, mi amor hacia tí y a tus herma– nas, junto con mi frágil envoltur~ terrestre; porque el ~mor, hijo mío, atributo del alma inmortal, es • también inmortal como ella. '

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