Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
L. Larriva de Llona jer casada ...... y con un marido tan buen mozo y bu~no, porque Daniel reune todas las prendas ..... - Pero acaba: ¿qué es lo que dicen? -Dicen que Enrique está en·amorado de ella, y que ella. . . . · - ¿Sí?. . . ¡Ay!. ... --¡Qué te parece! Yo a la verdad todavía no lo creo .... -Pues te diré que yo no había notado nada; pe~·o ahora que te oigo, caigo en la cuenta de ciertos incidentes .... Ya me fijaré en adelante. -Sí, ffjate como me fijo yo, que ardo en cu– riosidad por desentrañar ciertos misterios .... ¡Horror! Ya hay dos espías que luego, muy pronto, conforme se vaya extendiendo la infame sos– pecha, se irán multiplicando, se harán innumei-ables; y que no perderán acción, ni palal;>ra, ni mirada de esa~ tres desgraciadas personas, acaso completamen– te exentas de culpa hasta entonces, pero· a quienes la maledicencia social, nuevo y asqueroso Galeoto, puede convertir en verdaderos culpables, como suce– dió a Teodora y a Ernesto en el célebre drama de Echegaray. - ¿Vas al baile que da X el sábado próximo? - ¡Cómo no! ¿Quién se priva de fiesta tan es- pléndida? . · · . -Esta dizque costará un dineral. La cai;,a la .han puesto como un palacio encantado. Ahora ven– go de allá: están instalando el alumbrado eléctrico. ¡Si vieras el traje que ·va a estrenar la mujer de X.! Es u na m'aravilla. · - Pei·o, díme, aquí entre nos: ¿De dónde sacará X tanto dinero? Porque el destino que tiene nó da para tanto .... - "Sacristán que vende cera, y n◊- tiene colmenar, de dónde pecata mea? ¡ Rapaverum del alta_r In - De repente truena. -192-
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