Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

·L. Larriva de Llona Le &candale du mot>de e&t ce que fait l 'offen&e et ce n • e&t pa& pécher que pécher en &ilence. · Cierto digo yo, el escándalo es cósa muy fea y el que peca escandalizando a la , sociedad de la cual '-for– ma parte, peca doblemente; pero nada .autorfaa a ocul– tar una falta cometiendo un crímen; y siempre se ba– jará más el platillo en que se halla el abandono de un _. hijo inocente, que el otro en que se haya puesto la fal- ta de una -mujer cometida por amor o por fragilidad. Se dice con mucho acierto que el que reconoce sus defectos está muy cerca de corregirlos. El hipó– crita no corregirá entonces, jamás, los suyos, porque no reconoce en sí, sino virtudes. Llega a tener com– pletamente tergiversado el sentido moral. La false– dad, la mentira, crean en él una segunda naturaleza. El hipócrita es u-n cómico perfecto: representa su pa– pel en su casa y en las agenas, en el templo y en la calle, en todas partes; y lo represen ta -siempre a la perfección, porque no lo hace interpretando a t 1.l o cual autor, sino en comedia propia.Se burla del pú– blico entero, al <:J_ue engaña audaz y cínicamente; pe– ro el ·desenlace final que tiene lugar en un escenario de ultratumba, ha de ser trágico para él, de una dra– maticidad aterradora. Recuerdo que, siendo yo muy niña leí la si– guiente espeluznante historia, que tuvo el poder de mantenerme en vela por muchas noches: - Abandonó esta vida un caballero q ne gozaba fama de-santidad no puesta en duda por ninguno de sus contemporáneos. La sociedad toda de la que era miembro predilecto, se conmovió hondamente. Las prensab de todos los diarios crugieron incansables para publicar sus elogios. Los honores que se decreta– ron a su cadaver, traspasaron los límiteR de lo hasta entonces acostumbrado, para los más altos persona– jes. El cuerpo, embalsamado y rodeado de cirios y de flores, colocado en lujoso túmulo aguardaba en la iglesia las últimas solemnes ceremonias, para ir a descansar en el cementerio hasta el día del Juicio Fi– nal, tn_ientras su alma justa se .hallaba; sin duda, gq– zando ya del debido premio a sus virtudes. -186-

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