Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
Psicologia de la mujer lo en la regularidad y armonía de las facciones, si no también .y muy · especialmente, en la expresión del rostro; en algo interior que al exterior sale; en ese quid divinum que dicen los poetas, y que no es otra cosa que el reflejo de la conciencia. Si esta tie– ne sombras, oscuro y sombrío ha de verse el rostro. ¿Qué importa que sea muy terno y muy claro el cristal de un espejo, si ante esa nítida luna se colo– ca un objeto deforme? Yá lo sabéis, pues, niñas mías: para ser siempre bellas, no sólo con la belleza de las líneas, sino con la belleza de la expresión, -que vale más que aque– lla, únicamente plástica,~ con la hermosura, que es pureza, y es gracia, y es simf)atía, y es encanto, pre– ciso es ser buena, y sobre todo, no dar acceso en vues– tras almas, a la afeadora envidia. 1 \
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